Por: Amílcar Galindo Santos
Al candidato Juan de Dios Castilla Amell —entre otras cosas flojo y cobarde—, la payasada de postularse a la Alcaldía de Barrancabermeja le quedó grande. No hay derecho. Los que no pudimos ocultar simpatía por esa candidatura y lo queríamos ensayar sin exigirle sacrificios patrióticos, nos quedamos viendo un «chispero».
Lamentable, pues lo considerábamos bienaventurado a la santa luz de la Diócesis de Barrancabermeja con Obispos, sacerdotes y el sinnúmero de O.N.G. con las que nos iban a «ayudar» a generar desarrollo. Parece que pudieron más los argumentos y los acuerdos a los que pudo llegar su jefe, el negro Pérez en el barrio «25 de Agosto».