Debates televisivos anacrónicos o nuevas formas de hacer política en Colombia?

En pleno siglo XXI, insistir en la centralidad de los debates televisados como eje de las campañas presidenciales resulta, cuando menos, anacrónico.

En pleno siglo XXI, insistir en la centralidad de los debates televisados como eje de las campañas presidenciales resulta, cuando menos, anacrónico.

La discusión sobre la Paz Total en Colombia no puede seguir reduciéndose a percepciones, titulares alarmistas o narrativas impulsadas por sectores políticos en campaña.

El reciente episodio del alza de las tasas de interés por parte del Banco de la República ha encendido un debate que va más allá de lo técnico y se adentra en el terreno político y social.

Vean: son datos, y hay que darlos. Aunque tengan asteriscos, matices e interpretaciones que los contradigan o interpelen, no surgen de la nada. Que el Pacto Histórico y el gobierno de Gustavo Petro registren una aprobación cercana al 49% responde a una combinación de resultados, percepciones y disputas narrativas en curso.

Durante las últimas cuatro décadas, las élites tradicionales que han gobernado Colombia han consolidado un modelo político y económico que ha privilegiado intereses particulares por encima del bienestar colectivo.

En un giro que muchos califican como inédito dentro de la política colombiana, la fórmula vicepresidencial encabezada por Juan Daniel Oviedo junto a Paloma Valencia ha generado un intenso debate público.

El reciente revés electoral de la bancada progresista dentro del Partido Verde en Santander ha abierto un debate necesario sobre las decisiones que llevaron a un proyecto que parecía sólido a terminar en un fracaso contundente el pasado 8 de marzo.

El balance sobre la llamada “Paz Total” impulsada por el gobierno del presidente Gustavo Petro sigue siendo profundamente debatible.

Las recientes declaraciones de Juan Daniel Oviedo, fórmula vicepresidencial de Paloma Valencia, encendieron un intenso debate en Colombia.

En el actual proceso electoral colombiano no hay nada más falso y peligroso que una candidata como Claudia López que construye su discurso a partir de supuestos extremos, presentándose a sí misma como la única solución frente a ellos.