
El discurso de la derecha y la llamada centro derecha en Colombia, centrado en la defensa de la Constitución de 1991 y de una supuesta protección de la democracia, muestra señales evidentes de desgaste.
Durante años, este relato ha sido utilizado como eje articulador de diversos sectores políticos que, pese a sus diferencias aparentes, convergen en la conservación de un modelo económico y político que privilegia intereses particulares sobre el bienestar general.
Sin embargo, en el contexto actual, dicho discurso parece perder eficacia frente a una ciudadanía cada vez más crítica.
En la centro – derecha defienden sus negocios
Diversos analistas sostienen que cuando estos sectores hablan de “defender la democracia”, en realidad hacen referencia a la protección de estructuras económicas basadas en la intermediación financiera de los recursos públicos, especialmente aquellos provenientes de los tributos.
Esta lógica explicaría la alianza tácita entre figuras del denominado centro político y sectores de derecha más radical, quienes coinciden en oponerse a las reformas sociales impulsadas por el gobierno actual.
¿Que busca el cambio?
Las propuestas de transformación social han buscado modificar las condiciones de vida de amplios sectores de la población, apuntando a mejorar el acceso a la alimentación, reducir la desnutrición infantil y dignificar el trabajo.
Estos cambios implican necesariamente la reducción de privilegios históricos de élites que se han beneficiado del modelo neoliberal durante décadas.
Ante este panorama, el recurso al miedo mediante etiquetas como “castro-chavismo” reaparece como estrategia discursiva para desacreditar las reformas y mantener el statu quo.
La derecha pierde credibilidad
No obstante, este tipo de narrativa parece tener cada vez menor impacto en una sociedad que comienza a cuestionar más profundamente las estructuras de poder tradicionales y a exigir transformaciones reales en favor de la equidad y la justicia social.
Meter miedo como estrategia
En el debate político reciente ha resurgido una estrategia conocida: apelar al miedo frente a la posibilidad de una constituyente.
Algunas voces, como la de Sergio Fajardo, han llegado a proponer mecanismos como un referendo que congele reformas constitucionales durante dos periodos presidenciales, es decir, ocho años.
Una iniciativa de ese tipo puede interpretarse como regresiva, pues limitaría la capacidad de adaptación institucional frente a las demandas sociales de cambio.
Le temen al cambio
Al mismo tiempo, se ha intensificado la descalificación de propuestas alternativas mediante etiquetas ideológicas. El candidato Iván Cepeda ha sido acusado de promover agendas extremas, cuando en realidad ha planteado la necesidad de una concertación amplia entre sectores políticos y sociales.
Esa concertación, en ciertos escenarios, podría desembocar en una constituyente orientada a corregir problemas estructurales de gobernabilidad y a impulsar reformas sociales que el Congreso no ha logrado concretar en varios periodos.
Usted elige
Este contexto revela una tensión entre quienes buscan preservar el status quo vigente y quienes consideran que las instituciones requieren transformaciones profundas.
Para estos últimos, el momento actual representa una oportunidad para fortalecer el papel del Estado en función del bienestar colectivo, reducir desigualdades y replantear el uso de los recursos públicos en beneficio de la mayoría de la población colombiana.





