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Jaime Barba, el sacerdote que primero fue alcalde (Por: Pedro Severiche)

Esta es la historia de Jaime Barba Rincón: “El hombre que primero fue Alcalde para luego ser sacerdote".

Jaime Barba, el sacerdote que primero fue alcalde  (Por: Pedro Severiche)

Jaime Barba Rincón nació en el municipio de Puerto Wilches en el año de 1950, en la actualidad tiene 71 años de edad y es, sin duda, un protagonista de la historia de Barrancabermeja.

Hijo de don Cástulo Barba Surmay  y doña Teodolina Rincón  (ambos nacidos en Simití, Bolívar).       A la edad de 5 años, es decir en 1955, llega a la ciudad de Barrancabermeja a cursar la primaria en la llamada Concentración Palmira, (hoy Colegio INTECOBA). Culminó su bachillerato en el Colegio Diego Hernández de Gallegos y sus estudios universitarios en Bogotá, Bucaramanga y Brasil.

Economista egresado de la Universidad de la Salle y la Gran Colombia en Bogotá.

Su primer cargo fue en una entidad privada, Director de Cafaba de 1974 a 1975, posteriormente fue Director de Planeación Municipal de Barrancabermeja en 1976, luego Primer suplente de Horacio Serpa tras ser elegido Concejal en 1977.

En 1978 fue nombrado Secretario de Hacienda Municipal y en 1979 Director de Planeación Departamental.     Además, gerente de la Licorera de Santander en 1980 y Contralor de Barrancabermeja 1992. 1995.

LA ENTREVISTA

Fue en el año de 1982, cuando me estrené como columnista del diario Vanguardia Liberal, justo el año que fue nombrado Alcalde de Barrancabermeja el hoy sacerdote  Jaime Barba Rincón.

Por esa época yo tenía una columna de opinión llamada “Lanza en ristre”  —que por mis posturas en contra del gobierno local—  no le causaban gracia alguna al FILA, grupo político que respaldaba a Jaime como burgomaestre.

Recuerdo que el doctor Horacio Serpa   (jefe máximo de esa colectividad)  sentenció que «yo era como Eróstrato que quería hacerme famoso destruyendo el Templo de Diana».  Es decir, destruir a su grupo político.       Esa sentencia me sacó de inmediato del anonimato en la comarca.      El tiempo, que todo lo cura, me permite hoy entrevistar al padre Jaime Barba  y  preguntarle por esa época, por su vida como funcionario público y por su vida ahora como religioso.

Esta es la historia de Jaime Barba Rincón: “El hombre que primero fue Alcalde para luego ser sacerdote».

¿Por qué es tan reconocida la familia Barba en la ciudad? ¿Cuál es su origen?

El apellido Barba es de origen español.    Nuestros antepasados llegaron en la época de la Colonia a la Serranía de San Lucas, sur de Bolívar, se asentaron en Simití (Bolívar) y obtuvieron riqueza a partir de la explotación minera de oro, que les permitió enviar a muchos de sus familiares a estudiar a universidades, inicialmente del extranjero, luego a las de Colombia. Por esta razón los principales cargos de las administraciones los ocuparon personas de apellido Barba en el sur de Bolívar, especialmente en Simití, incluso en Cartagena; pero luego se expandieron a diversas poblaciones de la ribera, incluyendo a Santander.

¿Cómo resume la historia de su hermano que muere en Bolivia combatiendo junto al Che Guevara?

Primero que todo aclaro que mi hermano Fabio no combatió junto al Che Guevara.   Él formó parte del ELN de Bolivia después de graduarse de Médico en la Universidad Patricio Lumumba de Moscú y quien organizó la guerrilla de Teoponte con jóvenes profesionales e intelectuales, en su mayoría, de diversos países de América Latina.

Años después de muerto el Che, él y sus compañeros, que eran idealistas, iniciaron un proyecto revolucionario sin contar con la preparación militar, ni con armamento adecuado y sin financiación, solo con los ideales de seguir los pasos del Che Guevara, de lograr una sociedad más justa y equitativa.  Él no muere en combate,   sino fusilado, junto con el hijo de un General de Brigada (retirado), porque a pesar de la rendición, el gobierno del General Obando, siguiendo la política de la seguridad nacional, que imperaba en América Latina, dio la orden, de “ni heridos, ni presos”.

Antes de ser alcalde de Barrancabermeja, usted fue Gerente de la Licorera de Santander. ¿Qué experiencia le dejó ese cargo?

Cuando se administra con honestidad y eficiencia, se logra la eficacia.    Durante toda la historia de la Licorera, en mi gerencia, se logró la mayor venta de los productos, medidos en botellas, prueba de ello es la carta, que todavía conservo, me envió la totalidad de los miembros de la Junta Directiva del sindicato de la licorera reconociendo mi labor en el escaso tiempo que laboré como gerente.   Yo la recibí en estado calamitoso por culpa de la politiquería con que se venía manejando por la mayoría de los gerentes y las juntas directivas. Con escasas excepciones, hubo gerentes honestos y eficientes.

¿Estaba muy mal la Licorera de Santander?

Encontré situaciones como estas: la materia esencial del aguardiente era la panela y si se requerían 500 kilos, por ejemplo, y se presentaba un solo oferente y ofrecía esa cantidad al menor precio  —en vez de comprarle todo a ese oferente—  le compraban solo una tercera parte, y el resto a otros oferentes que cotizaban mayor valor.     Todo eso con el visto bueno de la Contraloría Departamental, pues el Contralor asistía a las reuniones de Junta Directiva, que aprobaba esas compras. Pero la diferencia entre ese mayor valor y el menor era para repartir, porque los otros oferentes recibían solo el menor valor.

En alguna ocasión necesité comprar dos cajas de aguardiente para una celebración con compañeros de la Facultad de Derecho.    Las cajas del licor para los empleados tenían un descuento sobre el precio de venta al público, y el jefe de ventas, me dijo, “para que las va a comprar, de las que hay para promoción, se las entrego sin el sello de promoción y usted las vende al precio al público”.    Le dije: “yo no hago eso», y me respondió: “algunos gerentes anteriores, sacaban aguardiente de los de promoción, sin el sello, y lo cambiaban en San Andresito, por electrodomésticos para sus casas”.

La Licorera se había convertido en la caja menor de la Gobernación de Santander.    Me contaron que un gerente hizo una fastuosa celebración de su cumpleaños en el exclusivo Club del Comercio de Bucaramanga, por cuenta de la Licorera que era socia del club, con cuatro acciones.         Para que el Gerente pudiera hacer uso del Club tenía que enviar la solicitud a la Junta Directiva, acompañada de su hoja de vida. Cuando se reunieron a estudiar mi admisión, el presidente de la Junta, un médico con apellido alemán, ya fallecido dijo: “quien sabe de qué clase de familia sería ese morenito de Barrancabermeja”.       Eso lo supo un profesor mío de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, y llamé a mi pariente de Simití,   Napoleón Barba, y él le envió una carta a la Junta Directiva, diciéndole que si yo no era admitido, él se retiraba del Club, y afirmando, que nuestra familia tenía más pergaminos que muchas de las familias de algunos socios y lo decía porque antepasados de apellido Barba, participaron en el Grito de Independencia de Simití el 3 de mayo de 1811 y otro pariente acompañó a Simón Bolívar en la Gesta Libertadora.

Jaime, veo que había mucha discriminación con los barranqueños en esa época…

Si claro.     Algún día la mamá de una Señorita Santander me dijo:  “Usted no parece que fuera de Barrancabermeja, porque tiene modales finos, propios de los bogotanos elegantes”  … y le respondí:  “Usted piensa que en Barrancabermeja somos unos corronchos, pues le digo, que la modernidad, llegó primero a Barrancabermeja, y los alimentos finos y los productos extranjeros, como comidas y enlatados se conocieron primero allá, que en Bucaramanga por la llegada de gringos y de otros países de Europa al Comisariato de la Troco donde vendían hasta vajillas de porcelana Bavaria, que son de las más finas”.

Fue usted alcalde liberal de Barrancabermeja en el gobierno conservador de Belisario Betancur. ¿Cómo se explica ese nombramiento?

El Gobernador conservador Rafael Moreno Peñaranda, recién nombrado, consideró que, habiendo mayoría liberal en Barrancabermeja, el alcalde debía ser de esa filiación y le solicitó al doctor Horacio Serpa Uribe le llevara hojas de vida de profesionales militantes del Partido Liberal.

Horacio Serpa me invitó a su residencia a desayunar y almorzar y me pidió que le indicara nombres para nuevo Alcalde de Barrancabermeja.    Yo le mencioné como 4 nombres, y me dijo:   “ahí falta uno”.     Le respondí,  «Yo creo que no hay más».      Me respondió: “falta Usted», ante lo cual le dije,  “No, yo no quiero ser alcalde al menos por ahora, mis padres, nunca han estado de acuerdo, y estoy estudiando Derecho”.    Él me insistió y le dije, «voy a consultar con mi papá y mis hermanos».     A mi padre no le pareció, pero mis hermanos dijeron: — “Jaime esta es la tercera vez, que a usted le ofrecen la posibilidad de ser Alcalde, de pronto una cuarta vez, no la habrá”.

Regresé a la casa del doctor Serpa y a la hora del almuerzo le dije: “inclúyame en la lista, con la condición que no se publique dentro del grupo político que estoy entre los candidatos».   Posteriormente llamé a mis parientes conservadores, entre ellos a Marina Barba de Ardila, y a Napoleón Barba López, alcalde durante 14 años seguidos en Simití (Bolívar), y muy cercanos a Raymundo Emiliani Román,  entonces Presidente del Directorio Nacional Conservador Alvarista, quien llamó al Gobernador pidiendo me nombraran alcalde de Barrancabermeja.

Cuando Horacio Serpa se entrevistó con el Gobernador recientemente designado, el doctor Rafael Moreno Peñaranda, le dijo, «¿Me trajo la hoja de vida de Jaime Barba Rincón?”, y el doctor le Serpa contestó,  “Le traje cinco hojas de vida”.     El gobernador le dijo: “déjeme la hoja de vida del doctor Barba, porque lo voy a nombrar alcalde de Barrancabermeja”.

Vale la pena anotar que la hermana del doctor Moreno Peñaranda, de nombre Irene, había sido novia de Napoleón Barba y no se casaron porque ella padecía una enfermedad que hacía sumamente riesgoso para su vida un embarazo, pero el doctor Moreno y Napoleón Barba eran amigos y compañeros de pesca del Club Los Sábalos, en un caño de Simití y ambos socios del Club del Comercio de Bucaramanga.

¿Cuál fue el período de su Alcaldía y cómo lo describe?

Me posesioné en septiembre de 1982 y estuve hasta el 11 de noviembre de 1983. Mi gestión fue cercana a los sectores populares, sin dejar de lado a los sectores dirigentes de la ciudad.

Antes que todo debo dejar claro, que los recursos del municipio eran escasos;     lo que se recibía de Ecopetrol solo eran las regalías, no pagaban Impuesto de Industria y Comercio, y la Nación no le hacía transferencia de los Recursos Corrientes a los municipios.      La ley 33 de 1968 permitía cesión de una muy pequeña parte del impuesto a las ventas.   Posteriormente, por disposición de la ley 60 de 1993 se autorizó la transferencia de una buena parte de los recursos corrientes del orden nacional, en cumplimiento de lo dispuesto por la Constitución del 91.

Existían muchos barrios de invasión que no contaban con los servicios básicos.   Cuando recibía solicitudes de los habitantes, enviaba una comisión para investigar las necesidades, y se tomaban decisiones en el Consejo de Gobierno, para solucionar una o dos de las urgentes necesidades y se disponía de los recursos, de tal manera que cuando por las noches visitaba la comunidad, los sorprendía anunciándoles las obras a realizar.     Los sábados en la mañana, estaban dedicados a atender, a quienes pedían cita con el Alcalde.

¿Qué fue lo que caracterizó a su gestión de gobierno y qué obras le dejó al puerto petrolero?

Entre las obras a destacar, la construcción y dotación de la Biblioteca “Ana Joaquina Bermúdez de Castellanos”, que se inauguró el 26 de abril de 1983, con la premiación del Primer Concurso de Cuentos Ciudad de Barrancabermeja, que la mayoría de los alcaldes posteriores han dejado de organizar; no obstante, que existe un Acuerdo del Concejo Municipal que obliga a realizar el Concurso; pero una buena parte de los alcaldes siguientes consideran como cultura, solo los festivales de música, y organizan conciertos que benefician a operadores que reciben cuantiosos recursos.  Si la administración organizara esos festivales, se ahorraría muchos recursos y se les daría empleo temporal a personas de la ciudad.

Otra obra importante, fue el aporte de más del 50% del presupuesto para la construcción del Estadio de Béisbol que manejó la Junta Municipal Pro Estadio de Béisbol, incluso a una de las oficinas del Estadio, por sugerencia  del  odontólogo Ovidio (Chori) Serrano,  se le colocó mi nombre y una fotografía grande mía.

Además, la terminación de la Avenida Circunvalar, que se había iniciado en la administración de Alberto Murcia Severiche;  en los meses anteriores a la entrega del cargo al nuevo alcalde se hizo la repavimentación de gran parte de las vías de la ciudad, el Comercio, Buenos Aires, Avenida del Ferrocarril, parte del barrio el Parnaso, y la carrera 28, se logró romper la barrera de construcciones que daba hacia la Avenida del Ferrocarril, se compraron las casas y se conectó así la vía. Aprovechando, que estaba la firma de Pavimentos ESGAMO, que terminaba la obra de la Circunvalar, se le propuso que trabajaran 24 horas en tres turnos de 8 horas, y muchas personas se sorprendían, al acostarse con la vía sin pavimento y despertar con la vía pavimentada.

Cuando faltaba cancelar el saldo del contrato, el ingeniero responsable de la obra me dijo: “el gerente le manda a decir, que como vamos a arreglar”…  «¿arreglar qué?,   le dije, “usted sabe», me contestó.      Yo sabía que me estaba insinuando cuál era la comisión que me iban a dar y entonces le respondí:    «Están equivocados conmigo, yo no pido, ni recibo coimas».

Los recursos para la repavimentación se tomaron de los intereses cuantiosos que generaban los Depósitos a Término, con dineros de regalías que se había constituido en entidades como la corporación Granahorrar.    Eso me generó denuncias en la Procuraduría porque, supuestamente, esas obras no estaban autorizadas por el Concejo, (lo que no se requería por cuanto en el presupuesto aprobado figuraban en inversiones en pavimentación y mejoramiento de vías, pero la destinación de los recursos, si se aprobaban en Consejo de Gobierno…  y el otro argumento era que «no se podía disponer de los recursos de las Regalías, para ese tipo de obras».    La denuncia terminó con el archivo de la investigación.

La despedida del Alcalde duró como un mes: gremios como Fenalco, la Federación de Ganaderos, los Clubes de servicio, Leones, Club Rotario, los Bomberos Voluntarios, Comités de Microfútbol, el Ejército y la Armada y hasta los vendedores ambulantes y estacionarios me entregaron bandejas y placas.    El principal reconocimiento me lo hizo en febrero de 1984 el Comité Privado de Desarrollo, declarándome “El Ejecutivo del Año, en el Sector Público año 1983″.    Todos esos documentos los conservó todavía

¿Alguna anécdota en particular?

Hay una anécdota que públicamente no he contado. Cuando fui alcalde, el gerente de Refinería consideró que era necesario el nombramiento como alcalde del entonces Comandante del Batallón Anti Aéreo Nueva Granada, porque se acercaba la negociación de un pliego de peticiones entre Ecopetrol y la USO, y creían que yo no me iba a enfrentar con el sindicato.

En esa reunión estaban presentes el Comandante de la Policía, el de la Armada, el jefe del DAS y el Coronel Comandante del Batallón Anti Aéreo Nueva Granada.

El Coronel no respondió, pero como el que calla otorga, se entendió que aceptaba la postulación.   Ese mismo día un oficial de la Armada me invitó a almorzar a su casa y me contó.     Entonces llamé a mis parientes cercanos a Raymundo Emiliani, y éste consiguió una cita con Rodrigo Escobar Navia, Ministro de Gobierno.     Me saludó y me dijo:   «te va atender Víctor G. Ricardo, viceministro».    Le conté lo sucedido y me respondió:   “No se preocupe que el Presidente Belisario Betancur, no es partidario de nombrar militares como alcaldes, y además, no vamos a generar un problema político, con Raymundo Emiliani Román»    y hasta ahí llegó el intento de sacarme de la Alcaldía.

Querían repetir lo que ocurrió con Víctor Navarro Jiménez, que lo destituyeron para nombrar a Álvaro Bonilla López.

¿A qué Alcalde reemplazó con su llegada y quién lo reemplazó a usted?

Yo remplace a Alberto Murcia Severiche, y me sucedió Ulpiano Díaz.

Jaime, usted después de ser alcalde de Barrancabermeja fue Contralor del Municipio estrenando la Constitución Política de 1991.      ¿Cómo se dio esa escogencia?

Yo tenía oficina de abogado en Bucaramanga, junto con Carlos Alberto Ruíz Rueda.

Me había graduado recientemente en diciembre de 1990 y un grupo de amigos, entre ellos Alberto Murcia, Mario Evan y Alfonso Baeza, me llamaron y dijeron que «querían reunirse conmigo».   Viajé y me propusieron que me presentara ante los Tribunales de Bucaramanga, para la terna para elegir Contralor.    Les respondí, que de pronto me incluían en la terna, pero que yo no tenía votos en el Concejo Municipal  y Alberto Murcia me respondió:    “Usted es de buenas, nunca ha pedido cargos pero se los han ofrecido, quien quita que resulte elegido”.

Me presenté ante la doctora Mariela Vega de Herrera, Magistrada del Tribunal Administrativo, quien es mi amiga; cuando ella iba a redactar una sentencia, me invitaba a que la acompañara a orar, para tomar la decisión más justa. Llevé cuatro hojas de vida, la leyó y me dijo: “Voy a llamar a la otra Magistrada, Marta Álvarez de Castillo”, esposa del Doctor Jorge Castillo, quien había sido mi profesor de Derecho de Familia, y luego Presidente de la Corte Suprema.       Yo no la conocía, y ambas se comprometieron a colaborarme, y me dijeron: “Preséntate a los dos magistrados varones”, quienes eran amigos y conocidos.   Me incluyeron en la terna, conformada además por Rosalba Garzón, de origen Liberal y Oscar Iván Vásquez Afanador.      Yo me vine para Barrancabermeja una semana antes de la elección, a hacer oración, pidiéndole a Dios, que, si me convenía, me lo concediera, de lo contrario no.

¿Cómo fue la elección?

Hice contacto además de los concejales de MODERE, (grupo que se organizó como una disidencia de FILA,) con Abelardo Rueda Tobón y Gabriel Galvis Molina me ofreció apoyo.        Los concejales partidarios de Oscar Ivan Vásquez Afanador se reunían todas las noches a cenar en el Hotel San Carlos y eran la mayoría, mis posibilidades eran nulas.       Elkin Bueno estaba apoyando a Oscar Iván Vásquez, incluso me dijo, que uno de los dos renunciara, y le dije, «se desconfigura la terna y no puede haber elección, y yo no lo voy a hacer».

El viernes antes de la elección, Alfonso Baeza me llamó y me dijo, que Rodolfo González García, iba a llamar a los concejales, para decirles que compararan las hojas de vida, los estudios y la experiencia.     A las 9 de la noche me llamó y me dijo: “esta noche después de las 10, vamos a voltear esa coalición, esté pendiente».

A las 4 de la mañana recibí una llamada diciéndome, “Ya tenemos todo listo, le enviamos un vehículo, para que lo traiga a la reunión”.     Llegué y para mi sorpresa estaba Elkin Bueno, que era amigo de Rodolfo González García.    Se comprometieron ocho concejales presentes, cinco de los cuales habían apoyado a Oscar Iván Vásquez.

El representante del FAM, decía que «ellos necesitaban poder y apoyarían al que tuviera la mayoría», cosa que me pareció oportunista, y no se esperaba eso de un grupo que se decía de izquierda.

Salimos para el Hotel Bachué;  allá desayunamos. Ya las 10 de la mañana los Concejales se fueron para para el Concejo en una busetica, al momento de la elección hubo empate, pero faltaba Rafael Gómez Serrano, de la Unión Patriótica que al fin llegó y desempató en la segunda votación.

Se cuentan muchas anécdotas sobre lo apretada elección como contralor. ¿Recuerda alguna en especial?

En esos días, hubo una huelga de Telecom y estábamos incomunicados por larga distancia. Jael Quiroga, me había dicho en Bucaramanga, que ella «no venía a la votación, por prudencia, ya que habían consumado un atentado criminal contra su Secretaria en CREDHOS, porque la confundieron con ella; pero que Rafael Gómez su suplente, votaría por mí».       Por un radioteléfono de Bomberos hablamos con Rafael y se acordó el apoyo. Después de la primera votación llamaron por teléfono a la casa Eduardo Torres Duarte a contar del empate.

Mientras tanto en la casa estaba reunido un grupo de señoras orando por mi elección, y una de ellas dijo, “No será que el bus en que viene se varó. Vayan a la carretera”. Y efectivamente el bus estaba varado cerca de UNIPAZ, lo trajeron (a Rafael Gómez) en un vehículo de un amigo y desempató.

Cuando Rafael llegó, lo estaba esperando un alto dirigente del FILA y le dijo: “Rafa hablamos” y este respondió, “si es para apoyar a Jaime Barba si… de lo contrario no”.

Me cuentan que palideció ese dirigente del FILA y dijo, “Nos jodimos”.

El FILA, había dado la orden de no apoyar, a Rosalba Garzón ni a Jaime Barba. Estábamos ambos distanciados del FILA.

¿Algún hecho en especial ocurrido durante su gestión como Contralor?

En la Contraloría se estrenaba el nuevo sistema de control fiscal, suprimiendo el control previo, que se había convertido en cogobierno del Contralor de turno, y una práctica de chantaje, en que el funcionario fiscalizador se negaba a revisar y aprobar ciertos gastos, «sino no le daban determinadas prebendas económicas o en nombramientos de amigos y familiares».

Por ese se institucionalizó el Control Posterior, cuyos análisis y resultados se publicaban periódicamente en la Revista que creamos “Contraloría Hoy” que le causó disgustos a más de un funcionario jefe de dependencia, cuya gestión terminaba con una mala evaluación.   Los informes se presentaban al Concejo Municipal y nunca merecieron un comentario.

Cuando ya había terminado un periodista de El Tiempo me preguntó, precisamente, de cuál era la respuesta del Concejo frente a los informes entregados y respondí, que «nunca supe si los habían leído o no, porque jamás habían comentado algo». Eso molestó a la mesa Directiva, que me citaron al Concejo y me enviaron unas preguntas.

Les contesté que no asistiría, porque ya no era funcionario del Municipio, me amenazaron hacerme conducir con Policía y les respondí que las preguntas las respondería por escrito, pero que, si se atrevían a enviarme a la Policía, los denunciaría por prevaricato por acción y abuso de autoridad.    Y hasta ahí llegó la impertinencia de algunos concejales, que eran en su mayoría diferentes a los que me había elegido.

Uno ha visto siempre que primero son sacerdotes y después se convierten en políticos… Usted fue todo lo contrario. ¿Por qué?

Yo desde niño quise ser sacerdote. Fui acólito del Padre Jorge Supelano S.J, en la capilla del entonces Asilo Santa Inés y pertenecí a grupos apostólicos como Archicofradía del Niño Jesús.

Al terminar el Bachillerato, cuando tenía 16 años, le dije a mi papá que quería entrar al Seminario para formarme como Sacerdote, y me respondió, “Yo no me opongo, pero debes saber que los hijos de los liberales, no son bien recibidos en el Seminario, porque los Jerarcas de la Iglesia Católica, dicen que los liberales, somos ateos y masones y aunque me considero católico, no me gusta la Iglesia Unida al Poder, y menos unida al Partido Conservador.   Tu verás”.

Yo conté eso a los hermanos de La Salle, que dirigían el Colegio Diego Hernández de Gallegos y ellos fueron a la casa a hablar con mis padres y les dijeron que  «no les importaba la política y que me recibían para formarme como Hermano de la Comunidad Lasallista».    Mi papá, les dijo, “Yo no tengo dinero para pagar la formación”, y ellos respondieron, que me enviarían a Venezuela, y allí no tendría que pagar nada.

¿Y qué pasó?

Después de que se fueron los hermanos de La Salle, mi mamá me dijo: “Mijo, yo no quiero sea hermano lasallista, sino sacerdote”.      Yo le dije a mi papá, que «entraría a estudiar Filosofía», y me respondió, “Tendrás que ser profesor toda la vida”;    «o estudio Derecho», le dije, y con asombro, me respondió: “No quiero que estudies Derecho, porque los abogados terminan corrompidos”.

Entonces decidí entrar a estudiar Economía en la Universidad de la Salle.

No me gradué allí porque tuve una dificultad personal con el Hermano Vicerrector al darme cuenta de una conducta inapropiada por parte de él.       El hermano de la Salle, Otto Pántamo, decano de estudiantes, me aconsejó cambiarme de Universidad, pero seguí muy cerca a la Iglesia, formando parte de diversos grupos apostólicos.

¿Pero cómo comienza su carrera hacia el sacerdocio?

Cuando estaba de Contralor conocí a Monseñor Jaime Prieto Amaya y hubo empatía.

Me invitó a que lo visitara en la Curia, yo lo pedía a celebrar todos los meses una Eucaristía en el Templo del Sagrado Corazón para festejar los cumpleaños de los empleados.    Al terminar mi periodo de Contralor en febrero de 1995, el Obispo Prieto Amaya me solicitó que fuera su asesor Jurídico, acepté Ad Honorem, como un servicio a la Iglesia.

Los padres Jesuitas del Sagrado Corazón de Jesús estando de Párroco el Padre Luis de la Espriella, que había sido mi profesor de Filosofía y Religión en el Diego Hernández de Gallegos, me invitaron a que volviera a colaborar en actividades pastorales.     Me vinculé inicialmente a la Pastoral Penitenciaria, acompañaba a los Padres Alberto Moreno S.J y a Francisco de Roux Rengifo S.J., dos veces por semana; una vez, para catequesis y los domingos para la Eucaristía en alguno de los patios.

Un día el padre Moreno me dijo, “Soñé viéndote celebrar como sacerdote”, y yo me sonreí, y él me dijo, “No te rías, porque vas a ser Sacerdote”.

Posteriormente llegó como Párroco, el Padre José Gabriel Gómez Díaz, sobrino del Padre Eduardo Díaz Ardila, y por sugerencia del Padre de la Espriella, me vincularon al Equipo de Animación Pastoral, y el Padre José Gabriel quiso tener Ministros Extraordinarios de Comunión, y nos invitaron a Guillermo Giraldo y a mí para que nos formáramos como tales. Debíamos usar Alba, en las celebraciones Eucarísticas actuábamos como acólitos y distribuíamos la sagrada comunión.

Pero, ¿cómo fue el anuncio?

Cuando el Padre José Gabriel cumplía un año de Párroco, invitamos a Monseñor Jaime Prieto, para que presidiera la Eucaristía de celebración, y en medio de la Homilía, el Obispo Prieto, manifestó: “Padre José Gabriel, me encanta que tengan a Jaime Barba, en estas actividades pastorales, pero yo lo quiero, para otro ministerio, para el Diaconado Permanente o el Sacerdocio, lo que Jaime quiera”.

Al terminar, en la Sacristía le dije, «Monseñor me sorprende con lo que dijo», y respondió, “No te sorprendas, yo sé que tú eres un hombre de Iglesia y mereces llegar a esos ministerios”. Nos invitaron a comer, y al finalizar, el Padre José Fernando Posada “Josefo” discretamente, me dijo, “Estás invitado a desayunar mañana con la comunidad”.

Durante el desayuno, me dijeron, “Jaime tienes las cualidades y calidades para ser sacerdote, dile al Obispo, que nada de Diacono Permanente, sino Sacerdote”.

Me informaron de un programa de formación teológica semi presencial en la Universidad Javeriana, para lograr mi ingreso a la Facultades Eclesiásticas de la Javeriana.    Llamaron a un Padre Arenas, santandereano, para lograr mi ingreso a la de la Universidad. Estuve en experiencia pastoral en la Parroquias Sagrado Corazón de Jesús, Señor de los Milagros y Catedral La Inmaculada.   El Padre Francisco de Roux hizo la consulta sobre la posibilidad de que ingresara a la Compañía de Jesús, pero por mi edad, no era posible.

Monseñor Jaime Prieto Amaya, fue como un Papá para mí.    Llamó al periódico El Tiempo, y solicitó me entrevistaran, el periodista resultó ser el esposo de la hija de una sobrina de mi mamá y quería dedicarme una página completa, pero yo me opuse porque no quería que se dijera que me estaba haciendo propaganda sobre todo por parte de algunos sacerdotes que no estaban de acuerdo con mi ordenación, «porque venía del sector público y había participado en política».

El periódico El Frente, de orientación conservadora, me había dedicado varios artículos comentando mi próxima ordenación.     Después de la ordenación el periódico Vanguardia Liberal me dedicó una página completa, y colocó como marco de agua una fotografía de mi ordenación que tenía como fondo la luz que formaba una cruz de la que había frente del templo reflejada en mi espalda.    El periodista Wilson Lozano grabó un video, con imágenes de antes de la ordenación y de la ceremonia, que fue emitido en un canal católico en los Estados Unidos.

¿Cómo fue su ordenación sacerdotal?

Después que se aprobó mi ordenación en el Consejo Presbiteral, yo le pedí a Monseñor Jaime, que fuera el 9 de septiembre de 2006, fiesta de San Pedro Claver, Patrono de la Diócesis y de los Derechos Humanos, como una muestra de agradecimiento con los jesuitas.

Monseñor dijo, que «mi ordenación era un caso excepcional», que debía ser conocido, por eso le pidió a las emisoras locales que se encadenaran y transmitieran la ceremonia de ordenación, e hizo lo mismo con los dos canales locales de televisión y con la parabólica ParaColombia; además invitó a al alcalde, secretarios de despacho, diputados, concejales, al ex gobernador Gómez Gómez, a los gremios socioeconómicos de la ciudad y al doctor Horacio Serpa Uribe. Y en la homilía, precisamente Serpa dijo,   “En Colombia hemos visto algunos casos de Sacerdotes que se han retirado para hacerse elegir alcaldes, aquí es lo contrario y no quiero que los políticos, me lo vayan a invitar, para que se lance a una elección popular”.

Yo acotaría, sí se examina la historia, en la casi totalidad de los casos los sacerdotes elegidos como alcaldes no han tenido éxito y —por el contrario— han salido con investigaciones penales y disciplinarias porque no estaban preparados para la administración pública.

Jaime… ¿Usted hace parte usted de la Academia de Historia de Santander?

Desde el 14 de agosto de agosto de 2015, ingresé oficialmente como Miembro Correspondiente, fui presentado por Fabio Torres Barrera académico de número.    Yo leí una semblanza de Monseñor Jaime Prieto Amaya, que hace parte de un libro sin publicar, “Jaime Prieto Amaya Profeta de los Pobres” que comprende su biografía y pensamiento.

La Academia tuvo en cuenta para invitarme a formar parte de ella, la publicación de los Libros “Barrancabermeja, La Diócesis en Memoria Viva”   y   “Las Luchas Obreras en Barrancabermeja y la Tropical Oíl Company”.    También escribí “Las Lauritas en el Magdalena Medio” donde relato que Santa Laura Montoya, estuvo en Barrancabermeja en 1938, cuando la eligieron Superiora de su comunidad y  publiqué una revista “Fabio Barba El Guerrillero Colombiano de Teoponte”.  Tengo otros ensayos sin publicar.

¿Qué opina de la gestión del actual alcalde de Barrancabermeja, Alfonso Eljach Manrique?

Es muy prematuro hacer un análisis por tan poco tiempo de ejercicio como alcalde, por decir lo menos, es un continuismo, no veo novedad y si mucha burocracia con tantas secretarías de despacho.

¿Qué recuerdos le quedan del doctor Horacio Serpa?

Conocí a Horacio Serpa en 1973, era amigo de mi padre y de dos de mis hermanos. Cuando él le contó a mi papá el deseo de lanzarse como candidato a la Cámara de Representantes, (según me contó mi papá), le aconsejó recuperar las bases populares del Partido Liberal.        Mi Papá fue cercano a Alfonso Gómez Gómez y a Alejandro Galvis Galvis pues los acompañaba a hacer política por la ribera santandereana del rio Magdalena.

Mi padre le contó que tenía un hijo que se había graduado de Economista en Bogotá y estaba pendiente de un cargo en INCOMEX en esa ciudad.        Le dijo vaya y conózcalo, e invítelo a que lo acompañe en la tarea política.     Él fue a Bogotá y me invitó a vincularme.      Llegué a Barrancabermeja y fui a su oficina, charlamos y me invitó a que lo acompañara a la Clínica Magdalena, porque acababa de nacer ese día Sandra, su primera hija.

¿Fue usted el primer profesional que acompañó a Horacio Serpa?

Yo inicialmente fui el único profesional, que acompañó al doctor Serpa, con quien me unió, más que una relación política, lazos de amistad.         Rosita y yo cumplimos años el mismo día y muchas veces alternábamos la celebración en su casa o en la mía; y compartimos ratos de descanso en paseos y comidas familiares, no políticas.       Yo le ayudaba en la preparación de discursos políticos escritos y en la preparación de conferencias.

El primer documento, que le preparé fue el de la Historia del Comercio en Barrancabermeja, que leyó en la ceremonia de Condecoración del Mercurio de Oro de Fenalco, que presidió en la ciudad el ingeniero Juan Martín Caicedo Ferrer.       Don Rafael Núñez Ospino, que estaba a su lado, se sorprendió y lo felicitó por el trabajo que se había leído, y el doctor Serpa me señaló y le dijo:   «eso lo preparó Jaime Barba Rincón».

Algo similar pasó cuando le preparé, con la ayuda de compañeros de la Facultad de Derecho de la UNAB,  una conferencia sobre Liberalismo y Socialismo, que fue muy bien comentada en Cali, donde lo habían invitado.

Se ganó toda la confianza del doctor Serpa…

Por la confianza que el me brindaba y por su cercanía me gané una cierta envidia, antipatía y hasta resentimiento, porque le reclamaban «me nombraba en los mejores cargos» y él respondía, “Yo siempre presento varias hojas de vida, y siempre escogen a Jaime, porque tiene la mejor hoja de vida, sin que sea yo quien lo decida”.

¿Qué los separó?

En una ocasión,  cuando Serpa era Procurador General de la Nación, le envié una carta manuscrita, denunciando, irregularidades en la Administración Municipal de Barrancabermeja, concretamente, sobre  lo  que  se  llamó  El  Cartel del Cemento.    Me llamó a media noche y me dijo estar «muy preocupado por lo que le decía», y le respondí:   — «si está tan preocupado, póngale remedio, de lo contario su grupo político se va a ir al suelo… Yo pienso como decía Simón Bolívar, le hace más bien al gobernante, quien señala errores, que el que lo adula”.

También en una ocasión se molestó porque no acepté ser gerente de la Caja Agraria en Barrancabermeja.   Me nombraron, sin consultar conmigo.  Yo estaba dedicado a los exámenes preparatorios a la monografía de grado, que se nos exigen a los que aspiramos a graduarnos de abogado.

Después de haber terminado el gobierno del presidente Virgilio Barco, el doctor Serpa me ofreció un cargo en la Contraloría General de la Nación, que no acepté.    Yo no aspiraba vincularme al gobierno nacional, entonces me dijo,  “ayúdeme a preparar un debate con argumentos económicos y jurídicos contra la posible privatización de Telecom”.       Me asesoré del constitucionalista César Castro Perdomo  y  del  Sindicato de Telecom;  le envié por fax la documentación, no me respondió, y a partir de eso se dio un distanciamiento, en gran parte, porque mis posiciones políticas no siempre coincidían con las de él.       En una oportunidad yo critiqué que se aceptara en el grupo político a personajes que tenían mala fama, y se me respondió que “la política no se hacía con ángeles” y le dije   «sí, pero con los diablos tampoco».

Por ejemplo, le sugerí que se hiciera nombrar Embajador en México y que aprovechara para realizar unos cursos avanzados de Economía en la Universidad Autónoma de México, para que se preparara en ese se campo, si aspiraba a ser presidente de la República y él respondió que prefería lanzarse de candidato a la Constituyente.

Tampoco estuve de acuerdo con esa alianza con Ernesto Samper, que como sabemos, por los sucesos del Proceso 8.000, terminó frustrando la posibilidad de que Serpa fuera Presidente.

También se presentó un distanciamiento porque en nuestro criterio se desconocieron los méritos políticos y el aporte que hacía a Alberto Murcia Severiche y eso dio lugar a la creación de un grupo político con antiguos militantes del FILA, que se denominó MODERE.       Luego Serpa se fue a vivir a Bogotá.     Mientras tanto yo me dediqué a estudiar para formarme como Sacerdote después de ser Contralor y no se presentaron oportunidades de encuentro.

Pero no fue un distanciamiento del todo…

Hubo un nuevo acercamiento.   Cuando me ordené de Diacono, me envió un arreglo de flores con una botella de vino y una carta, en computador y en manuscrito, decía “Siempre lo hemos recordado con el mayor afecto y gratitud”.

Luego vino a mi ordenación sacerdotal, posteriormente me designó testigo de su posesión como Gobernador de Santander, y cuando venía a Barrancabermeja se acercaba a saludarme y me invitaba a almorzar.

Cuando supe de su enfermedad,   lo llamé y me contó en detalle de los padecimientos.

La última vez que nos vimos fue el 4 de enero de 2020, día de su cumpleaños.    Fuimos con Monseñor Camilo Castrellón Pizano a su nueva residencia en Floridablanca, celebramos la Eucarística y les bendije la casa.       La enfermedad lo hizo acercarse a Dios, y nos dijo, que todos los días hacían oración con Rosita y que esperaba que el Señor lo sanara.   Colombia perdió a un gran Defensor del Proceso de Paz.

¿Cómo le gustaría que la ciudad de Barrancabermeja celebrara sus primeros 100 años?

Yo creo que debía invitarse a la Academia de Historia de Santander a una sesión solemne e invitar al doctor Armado Martínez Garnica, quien fue director del Archivo Nacional, profesor de Historia en la UIS y también presidente de la Academia de Historia de Santander a dictar una Conferencia.

Organizaría, con los principales colegios un desfile de carrozas, que muestren la historia de la ciudad, ejemplo: diez carrozas, cada una podría mostrar una década, en vez del trajinado desfile de los colegios, hay que innovar.    Y en la víspera del aniversario por la noche un desfile de faroles, con los colores de la bandera, de la ciudad.

Que se estimule y se establezca como obligación izar la bandera de la ciudad en los edificios públicos y en las residencias. Ojalá se tuvieran obras para inaugurar, pero lo veo supremamente difícil.

¿El hecho de ser Distrito interrumpió su vida municipal y ya no cumplirá su centenario?

El ser Distrito no implica que deje de ser Municipio, el centenario como Municipio de todos modos se cumple.

¿Cuál es su mensaje a la ciudad en medio de esta pandemia del Covid 19?

Yo invitaría a que hubiera disciplina, en guardar las medidas de bioseguridad.

Yo veo mucha indisciplina, muchos no usan tapabocas, especialmente jóvenes, que luego pueden contagiar a sus parientes y muchas fiestas en días de toque de queda. Se pregunta uno, si se quejan que no hay empleo, ¿de dónde obtienen dinero para parrandas y sancochos en las calles?

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BARRANCABERMEJA VIRTUAL, febrero 1 de 2021, Copyright ©


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