
Ahora hablan sin cesar de un supuesto líder que puede poner a dialogar a todos los sectores en un país altamente polarizado. Se presenta como la figura capaz de reconciliar a quienes hoy parecen irreconciliables, como el mediador que vendría a cerrar las heridas políticas que atraviesan al país.
Sin embargo, detrás de ese relato hay una idea que muchos colombianos conocen desde hace tiempo: el llamado “centro político”, cuando llega el momento de escoger entre proyectos de país claramente distintos, termina inclinándose por la derecha.
Solo buscan desviar la atención de la opinión pública
Lo peligroso de este discurso no es sólo su repetición constante, sino la manera en que logra desviar la atención de la opinión pública sobre lo verdaderamente importante.
Se insiste en que el principal problema del país es la polarización, como si se tratara simplemente de un conflicto de temperamentos o de discursos radicales que deben moderarse.
Esa polarización no aparece de la nada.
Surge, en gran medida, de un debate profundo sobre reformas sociales que buscan transformar la forma en que se ha gobernado el país durante décadas.
Las reformas que han provocado este enfrentamiento político intentan cambiar un modelo económico basado en el neoliberalismo rentista, un sistema que ha permitido la concentración de riqueza y poder en pocas manos.
Colombia entre los más desiguales
Colombia se ha mantenido durante años entre los países más desiguales del planeta, y buena parte de esa desigualdad se sostiene en estructuras económicas y políticas que favorecen a una élite muy reducida.
No es casualidad que quienes hoy hablan de reconciliación y de superar la polarización como Paloma y Oviedo hayan sido los mismos que bloquearon o diluyeron esas reformas.
El centro conciliador defiende políticas neoliberales
Tampoco es casualidad que muchos de los actores que promueven esta narrativa estén vinculados, directa o indirectamente, a los sectores que se benefician de ese modelo.
Financiaciones políticas, apoyos empresariales y alianzas tradicionales explican por qué el discurso del “centro conciliador” suele coincidir, al final, con la defensa del statu quo.
Así, el debate deja de centrarse en las reformas, en sus efectos y en los intereses que afectan, y pasa a girar alrededor de la supuesta necesidad de moderación y consenso.
Dónde está el progresismo?
Del otro lado del escenario político se encuentran las clases populares, los movimientos sociales y el progresismo, que impulsan cambios orientados a recuperar derechos y beneficios que fueron arrebatados por el uribismo.
Para estos sectores, el debate no es simplemente ideológico, sino profundamente social: se trata de quién se beneficia del modelo actual y quién paga sus consecuencias.
El “mesías de la reconciliación” es neoliberal.
Se habla de Oviedo como un milagro político capaz de unir al país, pero se omite mencionar que ese personaje ya tomó una decisión sobre el lugar que ocupa en el mapa político.
No se trata de alguien obligado por las circunstancias, sino de alguien que escogió con claridad a quién representar y qué intereses defiende. El resto es un relato cuidadosamente construido para suavizar esa elección ante la opinión pública.
No nos dejemos engañar
Los discursos de reconciliación, las palabras amables hacia el progresismo e incluso el reconocimiento de algunos de sus logros pueden terminar funcionando como una estrategia política.
No necesariamente buscan construir un proyecto común, sino debilitar a quienes impulsan cambios estructurales y limitar la posibilidad de que esos cambios se concreten.
El debate de fondo es más claro de lo que parece.
No se trata simplemente de escoger entre reconciliación o confrontación. Se trata de decidir entre mantener un modelo que ha producido profundas desigualdades o apostar por transformaciones estructurales que prometen modificar la relación entre el Estado, la economía y la sociedad.
En última instancia, la discusión gira alrededor de una elección política concreta: aceptar una falsa reconciliación que va a diluir las demandas de cambio o respaldar proyectos que buscan aprobar las reformas sociales.
Aquí es donde realmente se define el futuro del país.
Es indispensable no perder de vista lo esencial ni dejar que el relato de la polarización oculte cuáles son las verdaderas luchas que están en juego.
Lo que vemos con Oviedo no es más que una falsa reconciliación promovida por un mal llamado centro político que termina siempre del lado de la derecha neoliberal rentista.
Una vez más queda demostrado que el mito del centro es solo una estrategia para frenar el cambio en Colombia
La decisión está sobre la mesa: seguir apostando por una falsa “reconciliación” como la que propone Paloma y Oviedo que frena los cambios profundos que necesita Colombia, o respaldamos a Ivan Cepeda dentro de un proyecto de transformación acompañado por Aída Quilcué, una lideresa indígena y apoyamos las reformas sociales que necesita el país
En eso se centra el debate, no se dejen confundir. Recuerden que el discurso de la polarización en boca de Paloma y Oviedo es solo la excusa solo busca frenar las reformas sociales





