
En una entrevista polémica y cuestionada, el precandidato presidencial David Luna ofreció declaraciones al diario El Tiempo, propiedad del magnate Luis Carlos Sarmiento Angulo, conocido opositor del gobierno de Gustavo Petro y vinculado a escándalos de corrupción.
En sus intervenciones, Luna utilizó un discurso que, a juicio de muchos, está cargado de contradicciones, cinismo y una desconexión con su propio pasado político.
El discurso contra el narcotráfico: una doble moral evidente
Luna declaró que “el narcotráfico, nuevamente, intenta meterse en las elecciones” y que “el país no puede permitir que eso ocurra”. Además, sostuvo que “el narcotráfico, puro y duro, está detrás de muchas decisiones políticas que se están tomando hoy”, presentándolo como un riesgo enorme para la democracia.
Sin embargo, estas afirmaciones contrastan con su propia trayectoria.
A pesar de buscar la presidencia “por firmas” para dar apariencia de independencia, Luna proviene de Cambio Radical, el partido con más congresistas y dirigentes vinculados al narcotráfico, la parapolítica y múltiples escándalos judiciales.
Lo que Luna omitió en la entrevista es que Carlos Camargo, nuevo magistrado de la Corte Constitucional y aliado de Cambio Radical, fue señalado de tener vínculos con el Cartel de la Toga y de favorecer a Óscar Iván Zuluaga en el caso Odebrecht y Sarmiento Angulo.
No es un secreto que, como lo dijo el presidente Gustavo Petro, “el Cartel de la Toga lo crearon abogados de Cambio Radical para frenar procesos de parapolítica”.
Críticas a la reforma tributaria: ataques sin sustento
Luna también calificó la reforma tributaria del gobierno como “absurda, innecesaria y un irrespeto con la ciudadanía”, asegurando que “el gobierno debería recortar gastos y administrar mejor”. Propuso congelar el gasto público y destinar recursos a empleo y seguridad, además de advertir sobre un déficit fiscal del 7%.
Pero este discurso olvida un detalle crucial: David Luna hizo parte de la clase política que dejó al país endeudado durante décadas y que hoy bloquea en el Congreso todas las iniciativas del gobierno Petro para sanear las finanzas públicas.
La oposición, de la cual forma parte, ha utilizado estrategias legislativas para impedir que se recauden los recursos necesarios para pagar deudas heredadas de gobiernos anteriores, varios de ellos apoyados por el propio Luna.
Ataques al gobierno Petro: una narrativa sesgada
En otro momento de la entrevista, Luna afirmó que “los resultados del Estado son una vergüenza: 3.000 proyectos de regalías frenados, mientras la gente se muere de hambre”. Sin embargo, esta afirmación ha sido desmentida por múltiples informes oficiales que demuestran avances significativos en inversión social, infraestructura, educación y salud bajo el actual gobierno.
Lejos de reconocer esos logros, Luna opta por un discurso que ignora deliberadamente las políticas implementadas por Petro: el fortalecimiento de la educación pública gratuita, la reforma agraria, el aumento de salarios a las fuerzas armadas y el pago puntual de la deuda pública heredada de gobiernos anteriores.
El cinismo de un político de la vieja guardia
Luna también acusó al actual gobierno de “despilfarrar los recursos del país” y “preferir la burocracia antes que la inversión social”, pese a que los hechos muestran lo contrario. La administración Petro ha priorizado la financiación de programas sociales, la ampliación de cobertura educativa y la implementación de un modelo real de reforma a la salud, que, irónicamente, el mismo Luna y su bancada han bloqueado sistemáticamente en el Congreso.
Por si fuera poco, el precandidato reconoció que ha sido “actor político durante 28 años” y que eso le da la experiencia para gobernar. Sin embargo, lo que no dice es que su paso por múltiples gobiernos tradicionales —los mismos que convirtieron a Colombia en uno de los países más desiguales del planeta y sumido en la corrupción y el narcotráfico— es precisamente lo que despierta desconfianza en amplios sectores ciudadanos.
Entre el discurso y la realidad
La entrevista de David Luna en El Tiempo expone un patrón claro: un político de la vieja guardia que intenta reinventarse mientras omite su responsabilidad histórica. Su discurso contra el narcotráfico, la corrupción y el gasto público contrasta con su propia trayectoria, su cercanía con partidos cuestionados y su participación activa en el bloqueo de las reformas propuestas por el actual gobierno.
Más que una propuesta seria para el país, sus declaraciones parecen ser un intento de capitalizar el descontento social mientras protege los intereses de las élites tradicionales que durante décadas se beneficiaron de los recursos del país .
En este contexto, la entrevista no solo refleja el cinismo y la hipocresía de David Luna, sino que deja al descubierto las tensiones entre una clase política desgastada y un proyecto de cambio que enfrenta resistencias en todos los frentes.





