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El Maestro, Fabio Terán, acepta entrevista para Barrancabermeja Virtual

El Maestro, Fabio Terán, acepta entrevista para Barrancabermeja VirtualPor: Edgar Daniel Rodao

 

Voy a hablar francamente.  Al ingresar a las redes sociales me deprimo de ver tanta corrupción política, tanto escándalo, tanto desorden, tanta discordia que se vive hoy en Colombia.     Sin embargo, en medio de toda esa nefasta turbulencia, hay gente de bien, gente que vive sirviéndole a la sociedad, gente honesta, trabajadora.

 

Me queda claro que es por cuenta de estos ciudadanos que en Colombia no todo está perdido, que hay otro país ahí, moviéndose diariamente en la lucha y mostrando resultados.

 

 

Por la misma razón, cuando observo la vida y obra del joven músico barranqueño, Fabio Terán  —debo confesarlo—  me llega un resplandor de optimismo, un halo de ilusión, algo que me dice en el fondo que no todo está perdido, que todavía podemos soñar con un futuro mejor.

 

Fabio forma  parte  de  ese otro país que no está polarizado por el odio, que solo trabaja diariamente, con empeño, tras un noble ideal que es el de la superación personal y su satisfacción profesional,  pero además,  es un caballero a carta cabal,  decente, honrado,  solidario,  respetuoso,  pero sobre todo un estudioso apasionado de la música.

 

Sus inicios en Barrancabermeja fueron en un ambiente de orfandad económica, pero, con el apoyo de su madre y el de su familia —que le supieron indicar el verdadero camino de la vida—   Fabio  es  hoy  un  ejemplo  a  seguir, es decir, una auténtica lección de vida.

 

Fabio Terán  es un músico profesional, saxofonista, arreglista y pedagogo musical, nació el 23 de febrero de 1.980 en el Hospital San Rafael de Barrancabermeja.   Es hijo de la señora Sol María López y su padre, el señor Fabio Terán Silva.  Actualmente  padre de tres hermosas hijas: Alejandra, Sol y Luna.

 

Su infancia la desarrolló en el barrio La Independencia, en el sector nor oriental de Barrancabermeja.

 

Sus  años  de  primaria elemental los llevó a cabo en el colegio Universitario (CUBA) y su bachillerato en el colegio Braulio González en el municipio de Yopal (Casanare).  Allí, en ese establecimiento educativo de Yopal, en 1.991,  inició  todo el proceso de formación  musical cuando vio un aviso que decía: «si  te  gusta  la  música, inscríbete en la banda del colegio, horarios de ensayos a las 7 am».  Fue ahí, en ese momento, cuando conoció por primera vez un saxofón.

 

En la actualidad, Fabio Terán es coordinador musical de la Fundación Yamaha Incolmotos y desde ahí viene desarrollando una labor de formación musical en niños y jóvenes que quieren aprender música e interpretar un instrumento.

 

Como músico se encuentra también promocionando una nueva propuesta de instrumento musical que presentó Yamaha al mundo.     Me refiero al venova, un instrumento innovador que acerca a todo el público al fascinante mundo de la música.

 

El venova es un instrumento inspirado en la flauta dulce, con un timbre muy similar al saxofón. Venova significa «vientos nuevos».

 

Según me cuenta Fabio,  Colombia ha sido el país que mayor movimiento del instrumento ha tenido en Latinoamérica.     «Esto gracias a las estrategias de mercados que promueve la empresa y, por su puesto, a la labor social que se desarrolla desde la fundación a través de los seminarios que se dictan en todo el país», me lo dice visiblemente emocionado.

 

 

 

 

¿Cuénteme cómo fueron sus inicios en la música?

 

Mi gusto por la música comenzó desde muy niño.  Dicen mis hermanas mayores que yo, de niño, me iba cantando por las casas de nuestros vecinos las canciones de una novela que en esa época transmitían por televisión llamada «Juan Charrasqueado».     Cuando cumplí 10 años, comenzaron a transmitir la telenovela «Alcanzar una estrella» y los episodios de ese programa también me seguían enviando motivaciones relacionadas con el fascinante mundo de la música, hasta que un día nos trasladamos de Barrancabermeja a Yopal (Casanare) y logré entrar, en Yopal, a la banda musical del colegio Braulio González, interpretando el saxofón.

 

 

 

¿Y cómo le fue en el colegio de Yopal aprendiendo a tocar saxo?

 

Espectacular, pero especialmente gracias al apoyo de mi madre, comprendí los conceptos de disciplina y perseverancia.   A veces amanecía lloviendo muy fuerte y los ensayos eran a las 7:00 am.     Ella me hacía parar, llegaba al colegio  y era el único en el ensayo, así que el maestro Héctor Ortiz,  a quien debo toda mi formación,  se sentaba conmigo toda la mañana a explicarme los elementos técnicos del instrumento y de la música. Así aprendí a transcribir, componer e interpretar el saxofón.   Con esta banda musical ganamos los concursos de bandas más importantes del país (Paipa, Anapoima y San Pedro en el departamento de Valle del Cauca).

 

 

 

¿Qué pasó después cuando sale del colegio en Yopal?

 

Habían transcurrido unos 4 años de mi formación cuando teniendo 15 años de edad íbamos viajando desde Yopal para uno de estos concursos de Banda  y de repente sonó en la radio un merengue llamado «Reviviría el Amor« y el locutor de la emisora mencionó que era propio de una orquesta de Barrancabermeja.  Así que en ese momento dialogué con mi madre y le pedí que me permitiera viajar a Barrancabermeja, donde vivían mis hermanas, porque yo quería pertenecer a esa orquesta.    Esa era la orquesta Terranova.

 

 

 

La orquesta Terranova de los años 90 sin duda ha sido la más importante agrupación musical de todos los tiempos en Barrancabermeja…

 

Claro que si Edgar.   Y supe que, para llegar a Terranova, que era la meta de ese momento, debía tomar decisiones. Tuve que dejar Yopal, alejarme de mi madre, del colegio y de la Banda que me vio nacer.

 

 

 

¿Cuántos años tenía usted cuando inició en la orquesta Terranova?

 

Llegue de 15 años a Barrancabermeja nuevamente. Y a los 16 ya era músico de planta de dicha orquesta. Es decir, llegué en su mejor momento ya que la orquesta estaba “pegando” en todo el país.  Pero la llegada no fue fácil.

 

 

 

¿Por qué no fue fácil?

 

 

Me tuve que enfrentar a músicos profesionales de la talla del “Mono Moscote” entre otros. Además, nunca había tocado en una orquesta merenguera y nunca había tocado merengue. Yo venía de una formación en música sinfónica

 

 

 

¿Cómo lo recibieron en la orquesta?

 

Al primero que contactamos, con ayuda de mi hermana, fue a Julio Martín Peña, cantante de la orquesta, a quien le llevé los arreglos que había escrito para la Banda de Yopal y le hablé de mi sueño de llegar a su orquesta.      Julio, me invitó a un ensayo en la casa del percusionista Jairo Atencia.    El ensayo iniciaba a las 7 pm,     pero yo estaba una cuadra antes, tímidamente escondido, desde las 4:30 pm.    Llevaba la disciplina que había heredado de mi madre y mi proceso de formación.

 

 

 

 

¿Recuerda cómo le fue en ese primer ensayo con Terranova?

 

Me permitieron tocar.   El “Mono Moscote”  —muy amablemente—  me corrigió y me enseñó una cantidad de elementos que le dan vida al merengue en la interpretación.  Yo tenía apenas 15 años.    Me permitieron ir a ensayar y me llevaban, a uno que otro toque local, y me pagaban $ 10.000 pesitos.

(risas… risas)

 

 

 

Pero creo que con un sueldo de $ 10.000 pesos «por toque» no le daba para vivir… ¿cómo hizo entonces?

 

Necesitaba estar en algún grupo de planta para ganar cancha. Así que llegue a donde el profesor Arnulfo López, un pedagogo musical, y él «me dio trabajito» como saxofonista en un grupo que dirigía llamado Zabork.

 

 

 

¿Cómo le fue con el Maestro Arnulfo López?

 

Allí pude soltarme y enfrentarme a las tarimas, aunque Terranova seguía siendo mi meta, con el profesor Arnulfo pude aprender mucho, se tocaba un repertorio muy exquisito, conocí buena música.  Arnulfo es un maestro.

 

 

 

¿Finalmente, cuándo entró a formar parte de la titular de Terranova?

 

Yo seguía asistiendo a los ensayos de Terranova y no me perdía ninguna de sus presentaciones y en mi casa —juicioso— me aprendía el repertorio de ellos.   En enero de 1996, yo aún con 15 años, me dieron la «gran noticia», que entraría a la orquesta y que la primera presentación era ese mismo fin de semana en el municipio de Río Negro Santander (ubicado a 19 kilómetros al norte de Bucaramanga), en el Festival del Río,     que se realiza en el balneario público de «Puerto Amor» y se lleva a cabo todos los meses de Enero pasadas las fiestas decembrinas.

 

 

Ellos (Terranova) tenían una presentación previa, sin mí, en Málaga y viajaban en avioneta hasta Rio Negro, así que a mí me tocó llegar solo de Bucaramanga a Río Negro en bus.

 

 

 

¿Y qué pasó ese día?

 

Edgar fue increíble.  Cuando llegamos al lugar de la presentación la cantidad de gente era impresionante, casi no podíamos salir de la buseta. Era una orquesta muy reconocida.  Esa noche firmé mis primeros autógrafos.   Fueron momentos de gloria.   Así era cada fin de semana, por todo el país, gozando del reconocimiento de la gente de los músicos de Barrancabermeja.  Vaya experiencia, era solo un adolescente.

 

 

 

¿Me imagino que con Terranova tuvo la oportunidad de alternar con grandes orquestas de la época?

 

Si claro.   Nos fogueamos con las mejores orquestas.  No olvido el mano a mano en CENFER en Bucaramanga con el dominicano Kinito Méndez y Terranova, lleno total.   También en El Socorro Santander un espectacular mano a mano merenguero entre Rikarena y Terranova.  Eso era de tú a tú.         Sin embargo, luego de 1 año soy reemplazado por un saxofonista muy reconocido, Edgar de Oliveira a quien llamaban “El Colombiano”, saxofonista del grupo Bananas de Barranquilla.

 

 

En Barrancabermeja también hice parte de la agrupación Las Hijas de Doña Diana con quienes obtuvimos el Congo de Oro en el Festival de Orquestas en Barranquilla. También trabajé con las orquestas C-Tambó y Jamblock.     Tampoco  olvido mis primeros «piano bar» en algunos clubes y hoteles de la ciudad al lado suyo, don Edgar Rodao, cuando usted amenizaba cocteles y reuniones especiales, justo en la época en que yo me iniciaba en Barrancabermeja.

 

 

 

¿Y usted que hace entonces con la llegada de «El Colombiano»?

 

Fue un golpe bajo, pero esas situaciones se deben tomar como oportunidades.  «El colombiano» se convirtió en mi maestro y ahí sí que aprendí, pues además de todo lo musical, era tener por fin un maestro del saxofón para mí.    Recuerdo que todos los días nos reuníamos en la Casa de la Cultura de Barrancabermeja y desde ese sitio me impartía la riqueza de sus conocimientos.

 

Terranova ya me había abierto varías puerta con otras orquestas. Entonces toqué con Zona Rosa, y algunas agrupaciones en Bucaramanga.  Con Zona Rosa hago mi primera grabación.      Al cabo de unos meses uno de los saxofonistas de Terranova, José Fernando Giraldo, se va de Barrancabermeja, así que «El Colombiano» al primero que recomienda es a mí.      Luego «El Colombiano» se regresa para Barranquilla y quedo como saxofonista líder de Terranova.

 

Con Terranova trabajé 10 años, me convertí, incluso en alguna época, en arreglista y director musical de la orquesta.   La última temporada que toque con ellos fue en al año 2011.

 

 

 

¿Terminado su ciclo en Terranova que sucedió?

 

Primero me traslado a la cuidad de Bogotá para realizar mis estudios musicales en la Universidad Pedagógica Nacional.    Era el resultado mi profundo interés por la pedagogía, ya que años atrás, en la época del 2000,  la economía de Barrancabermeja frena el movimiento de las orquestas, entonces ingresé a laborar en la Fundación Nacional Batuta como docente.   Posteriormente me dan la coordinación de Batuta en Barrancabermeja a la par que laboraba en diferentes jardines infantiles como profesor de música.   Estando en Bogotá me nombran coordinador musical de la Fundación Nacional Batuta DPS.        Igualmente en Bogotá toque con varias orquestas de talla nacional.   Incluso acompañé como saxofonista a la orquesta internacional La Makina de Puerto Rico y K-libre de República Dominicana.       Al terminar mis estudios en Bogotá me ofrecen dirigir la Banda Sinfónica del colegio El Rosario de Ecopetrol y ASPAEN y vuelvo a Barrancabermeja en el año 2014.

 

 

 

¿Y cómo se da su ingreso a la empresa Incolmotos Yamaha?

 

Después del sueño de formar parte de la orquesta Terranova,  la empresa Yamaha se convirtió en la meta más grande.     La empresa Incolmotos Yamaha a través de su Fundación y luego de un proceso de formación como artista Yamaha, me contratan como «tallerista» a nivel nacional en pedagogía, didáctica musical y flautas dulces.   He recorrido todo el país dictando estos seminarios desde San Andrés hasta el Amazonas,  en diferentes universidades, casas de la cultura, escuelas de música y bellas artes.   Esto me sucede estando yo en Barrancabermeja, pero cuando me requerían para un seminario yo viajaba a Medellín.

 

 

En el año 2017 Incolmotos Yamaha me ofrece el puesto de coordinador académico.   Es el cargo que ocupó actualmente con mi oficina en la ciudad de Medellín. Debo coordinar los programas que desarrolla la Fundación Yamaha en toda Colombia.

 

 

 

¿Esos programas llegan a Barrancabermeja?

 

Como sucede en casi todo el país, uno de mis sueños es que el programa llegue a Barrancabermeja para que los niños de escasos recursos se pueden beneficiar del poder transformador de la música, ya que estamos beneficiando, aproximadamente, a 19.600 niños en todo Colombia.

 

 

 

¿Qué desea comunicarles a los músicos de Barrancabermeja?

 

Me encanta esta frase “cuando alguien te diga que algo no es posible, recuerda que está hablando de sus limitaciones, no de las tuyas”.      Gracias a la perseverancia, a la disciplina y a la oportunidad profesional que me ha brindado la Fundación Incolmotos Yamaha, he tenido la oportunidad de estar en países como Japón y este año los días 13 y 14 de Mayo estuve dictando mi primer seminario internacional en la ciudad de Buenos Aires (Argentina).   Vale la pena soñar, pero mucho más hacer esos sueños realidad.

 

 

 

¿Su futuro?

 

Bueno actualmente mi futuro gira en torno a la pedagogía musical.     Sigo en la construcción de material pedagógico que recorre cada rincón del país a través de los programas de la Fundación Incolmotos Yamaha en la cual soy coordinador académico. Me sueño recorriendo Latinoamérica, capacitando los maestros.   Ya iniciamos la capacitación este año con Argentina, próximamente se sumarán otros países a este hermoso proyecto.  Esto apenas comienza.

 

 

 

 

¿Qué siente por Barrancabermeja?

 

Lo que más extraño —cuando me encuentro lejos—  es justamente la tierra que me vio nacer. Amo Barrancabermeja, al visitar la ciudad recorro sus calles, sin importar el sol, saludo tanta gente que conozco.  Me detengo a comerme unas butifarras y por supuesto la  ida al Muelle en el Paseo del Río a degustar un delicioso bocachico.      Amo la tierra en que nací, la nombro donde quiera que voy con mucho orgullo.       Me sueño con una Barrancabermeja de niños felices que a través de la música colorean sus calles.    Algún día estaré allá y me encantaría liderar los procesos de formación musical y de artes que sucedan en mi tierra.    Uno de mis sueños es que el programa de la Fundación Yamaha Incolmotos llegue a Barrancabermeja para que  los  niños de escasos recursos se pueden beneficiar del poder transformador de la música.

 

 

 

¿Quiere agregar algo más a esta entrevista?

 

Agradecer a personas que como usted, aprecian y valoran lo que barranqueños hacemos afuera, eso de que “nadie es profeta en su tierra” se puede convertir en un «mito» gracias al reconocimiento y apoyo que brindan personas como usted.     Sin embargo, tristemente, a veces nos sentimos más valorados en otros lugares, y esto —increíblemente—  se ve más marcado, incluso, en el mismo gremio musical local de nuestra ciudad.

 

 

 

¿Por qué piensa así?

 

Es una impresión que tengo por varías situaciones, y las he hablado con excelentes músicos barranqueños como Raúl Villa y Lucho Pacheco, entre otros.   Nos cuesta compartir o «dar un like» a las propuestas locales.   En Barrancabermeja nunca ha habido procesos serios de formación musical, ha faltado mucha voluntad política.  Sin embargo, fíjese usted, hemos citado a los músicos de la ciudad a charlas y talleres musicales que programamos con amigos del arte como Will Martínez y —lamentablemente—  la gente no llega.

 

 

Así es muy difícil avanzar.

 

 

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BARRANCABERMEJA VIRTUAL, entrevista con el Maestro Fabio Terán López, mayo 24 de 2019. Copyright ©

 

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