La ‘omnipotente’ corrupción que tanto daño le está causando a Barrancabermeja.

(Informe Especial).

 

Hay algo grave en el imaginario colectivo de Barrancabermeja y es que un gran sector de la aculturada ciudadanía barranqueña acepta como íconos y referentes éticos a oscuros personajes de la vida local, muchos de ellos surgidos y levantados de la nada en el mundillo de la corruptocracia local.

 

Los escándalos de corrupción son cada vez más grandes, tanto así que la ciudadanía ha perdido la capacidad de asombro.  Cada vez el escándalo que sale a la luz pública es mayor que el anterior, pero como dice un veterano periodista barranqueño «aquí no pasa nada».

 

Ni los implicados renuncian, ni siquiera por vergüenza, ni las autoridades de control toman cartas en el asunto, ni lo nominadores declaran insubsistente a los corruptos. 

 

Lo más grave de todo es que los corruptos no solo andan campantes por las calles de la ciudad, también  se vanaglorian de su mafiosa capacidad para salir airosos en la más absoluta impunidad.

 

No es nada raro, por ejemplo, que el doctor Gustavo De la Ossa, actualmente en el ojo del huracán por cuenta de sus numerosos escándalos como Secretario Jurídico sea el próximo Alcalde de Barrancabermeja para el período 2015 / 2018 bajo la doctrina: «aquí no pasa nada», «si ellos roban porque yo no también», «el man roba pero tiene carisma», «el tipo es un capo muy vivo con buenas relaciones en la Fiscalía».

 

No se alarmen, en la Barrancabermeja corrupta la realidad supera la ficción.

 

 

Una corrupción que hace metástasis en todos los sectores de la ciudad.

 

Cuando un micro empresario adquiere una docena de motos para ponerlas a circular ilegalmente en el negocio de la piratería por las calles de Barrancabermeja es porque en el imaginario colectivo de esos comerciantes se evidencia un claro irrespeto a la ley.  Es normal que se pregunten: —¿Si el alcalde, sus secretarios o los concejales «roban» por qué yo no puedo dedicarme al negocio del moto taxismo?—.

 

Cuando una secretaria de despacho se ha lucrado a través de una «fundación» con más de $ 2.000 millones de pesos ($ 1 millón de dólares), dineros que habilidosamente saca del presupuesto público con los más sofisticados procedimientos jurídicos y «no pasa nada», se le está enviando un mensaje claro y directo a la sociedad: «La corrupción es un buen negocio».

 

Se trata de un mal enquistado en las estructuras de nuestra propia sociedad, es un comportamiento social extendido, aceptado y practicado por un gran sector de la comunidad: por el empresario que lo hace porque la competencia lo hace; por el infractor que lo hace para evitar una multa o por el político que desvía los recursos públicos.

 

Los casos son infinitos. Porque tanto la acción como la omisión son culpables de este mal que no nos deja progresar y que por el contrario nos lleva a convivir en una cultura mafiosa de total irreverencia frente a lo ético, a una decadencia total de los valores, pero sobre todo a una pérdida de confianza en nuestra instituciones.

 

Hoy la gente en Barrancabermeja no cree, ni siquiera en la llamada «majestuosidad de la justicia». No es raro oír, y con bastante frecuencia, que jueces y fiscales están literalmente «comprados» por la omnipotente corrupción de nuestros «ordenadores del gasto».

 

El problema se torna aún más grave cuando se evidencia que es en la propia Alcaldía Muinicipal de Barrancabermeja desde donde se retroalimenta la corrupción.

 

Las millonarias OPS (firmadas al filo de la media noche antes del cierre de la llamada Ley de Garantías) son apenas la punta del Iceberg de lo que en el fondo es un océano nauseabundo de corrupción.

 

El problema más dramático, grave y delicado radica en que a la gente del común, que ya forma parte de una sub cultura en Barrancabermeja, le han hecho creer que la legalización de esas OPS, (que estuvieron a cargo  del doctor Gustavo de la Ossa), fueron un «acto de bacanería» del Alcalde, cuando en el fondo, se sabe,  esos contratos son solo un despilfarro al presupuesto del municipio, porque sus beneficiarios ni siquiera están obligados a presentarse en sus sitios de trabajo. Son las populares «corbatas» que solo van a la Alcaldía para firmar la OPS y tiempo después para cobrar el contrato.

 

Lo que esa misma gente no entiende es que cuando  abren el grifo del acueducto y el agua sale con barro y  un olor fétido y repugnante es porque falta dinero para mejorar la calidad del servicio, un dinero que ya puede estar en manos de los corruptos.

 

Lo que esa misma gente no entiende es que cuando no hay comida para los niños en el complemento alimentario es porque falta dinero para mejorar la cobertura y el dinero destinado al complemente ya puede estar en manos de los corruptos.

 

Lo que esa misma gente no entiende es que cuando una escuela se está cayendo a pedazos y los niños no pueden recibir una buena educación es porque falta dinero para mejorar la infraestructura escolar y el dinero destinado a la reconstrucción de los colegios ya puede estar en manos de los corruptos.  

 

Lo que esa misma gente no entiende es que cuando una calle en Barrancabermeja está destartalada, llena de huecos y sin señalización es porque faltan recursos para el mantenimiento vial de la ciudad y ese dinero ya puede estar en manos de los corruptos.

 

La realidad es igualmente cruda, especialmente cuando vemos la actitud hipócrita de muchos.

 

Son atrevidos; y muchos, los que se indignan en público culpando a los políticos y al Gobierno, no vacilan en sacar su mordida cuando les queda fácil.  Hace solo 4 días, entró al despacho del abogado De la Ossa, (escondido y solapado) una «conciencia de la moral barranqueña», quizás ya inmerso en esa cultura mafiosa que está haciendo rápida carrera en un sector de nuestra sociedad.

 

Y es que frente a la aplanadora de la corrupción en Barrancabermeja pocos se atreven a abrir la boca, ya sea por miedo (a veces entendible) o por simple indiferencia. Pensamos que no tenemos nada que hacer metiéndonos en un problema que no es nuestro. Preferimos callar, que denunciar porque nos falta ética, civismo y compromiso.

 

«Así vea lo que vea, yo mejor me quedo callado, cierro los ojos y paso mi propuesta a la Alcaldía», dice orgulloso un locutor de un canal de televisión haciendo alarde de su nuevo «código ético».

 

 

Cuanto más se enfrenta el fenómeno, se genera una percepción de que el problema es mayor.

 

Clarísimo. La gente ve como se destapan cada mes nuevas ‘ollas podridas’ en las instituciones estatales y se indigna. No es sino ver el caso del Secretario Jurídico de la Alcaldía quien pese a sus numerosos escándalos no ha sido aún destituido por los organismos de control encargados de hacerlo, mientras de otro lado, el Alcalde de Barrancabermeja como máxima autoridad local tampoco se ha pronunciado.

 

Estamos ante una perversa cultura política y ante una forma de conducir los asuntos públicos basada solo en la rosca de una élite política que muchos atinan en llamar «sociedad de acceso limitado» en donde no existe la meritocracia, ni se alcanzan la cúpula y el éxito por medio del talento y el trabajo, ni se llega a la riqueza por el esfuerzo.

 

Nada de eso: el triunfo en Barrancabermeja ahora se logra trenzando una sinuosa cadena de relaciones personales que se apoderaron del dinero público por cuenta de oscuros ordenadores del gasto que dan prioridad a los intereses privados de «la rosca» en detrimento de los sectores más débiles y peor relacionados. La multimillonaria campaña política de Ciro Fernández terminó comprobando lo anterior. 

 

 

Un pueblo que vota por corruptos no es víctima, es cómplice.

¿Y usted qué opina?

 

 

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