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Datos, avances y disputa política: lo que está en juego

Regresar al modelo del Centro Democrático o a la misma centro‑derecha que gobernó por décadas sin resultados sería retroceder. Los avances logrados en este gobierno del cambio no pueden ponerse en riesgo votando por quienes ahora prometen “unirse” para frenar las reformas sociales

Vean: son datos, y hay que darlos. Aunque tengan asteriscos, matices e interpretaciones que los contradigan o interpelen, no surgen de la nada. Que el Pacto Histórico y el gobierno de Gustavo Petro registren una aprobación cercana al 49% responde a una combinación de resultados, percepciones y disputas narrativas en curso.

En política social

Se dio continuidad al Sistema Nacional de Cuidado, implementado en 18 entidades públicas (CONPES 4143). A pesar de las críticas sobre la ejecución presupuestal del Ministerio de la Igualdad —señalada por sectores opositores como deficiente—, también se registraron avances: la mejora y formalización de la remuneración de madres comunitarias y la creación de la política nacional de garantía de derechos LGBTI (CONPES 4147), con el compromiso de 19 entidades estatales.

En lo económico, 2025 marcó un hito con una tasa de desocupación de 8,9%, la más baja desde 2001. 

Se recuperaron 831.000 empleos, la pobreza multidimensional descendió al 11,5% y la pobreza monetaria cayó al 31,8%. Sin embargo, incluso desde posiciones favorables al gobierno se reconoce que estos resultados no pueden atribuirse exclusivamente a la administración: intervienen dinámicas globales, ciclos económicos y decisiones acumuladas de distintos periodos.

En el campo, se impulsó la histórica deuda de la reforma agraria. 

A marzo de 2026, se han impactado 2,5 millones de hectáreas mediante compras, procesos agrarios y formalización, con más de 700.000 hectáreas entregadas directamente a campesinos. El proceso no está exento de cuestionamientos, pero su escala es innegable.

En educación aumentó la inversión pública y se formalizaron 9.275 cargos docentes previamente temporales. Además, cerca de 600 instituciones educativas han sido puestas en funcionamiento entre nuevas construcciones y mejoras, según reportes de entidades públicas, el DANE y organizaciones internacionales.

Pero quizá el cambio más significativo no se mide en cifras. 

Es simbólico: una ampliación de la inclusión política. Sectores históricamente marginados hoy se sienten parte del debate público, representados y con derecho a incidir. Este fenómeno redefine la agenda y el sentido mismo de la participación.

No se dejen confundir 

La derecha y su “centro-derecha” terminan siendo el mismo proyecto, siempre vuelven con la misma obsesión: decidir cómo debe vivir el otro.

Que las mujeres tengan hijos que no desean o que no los tengan si son pobres o negras.

Persiguen a quienes no aman como ellos, dicen que no puedan casarse ni adoptar.

Pretenden que los jóvenes vayan a la guerra mientras ellos jamás envían a los suyos.

Exigen que nadie consuma drogas… aunque ellos las compartan en privado.

En fin, que la gente no viva como quiere, sino como ellos dictan.

No podemos volver al pasado

Regresar al modelo del Centro Democrático o a la misma centro‑derecha que gobernó por décadas sin resultados sería retroceder.

Los avances logrados en este gobierno del cambio no pueden ponerse en riesgo votando por quienes ahora prometen “unirse” para frenar las reformas sociales.

El proyecto progresista abrió un camino que aún necesita consolidarse.

Las reformas deben continuar y el proceso de cambio debe reelegirse para no volver atrás.

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Fuente: Mariana Sanz de Santamaría en X

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