
Hay que decirlo sin titubeos: nadie que se considere liberal y miembro del Partido Liberal Colombiano puede actuar con sinceridad y coherencia si vota por alguien como Horacio José Serpa, cuya trayectoria política terminó resumida en una fotografía “muy especial para Serpa” junto al actual Secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, figura ultraconservadora y referente del Tea Party.
Esa imagen no es un hecho aislado ni anecdótico
Es un símbolo político poderoso que desnuda una afinidad ideológica incompatible con los principios históricos del liberalismo socialdemócrata colombiano.
Aún más grave resulta que alguien que se autoproclama liberal pueda votar por Rodolfo Hernández o hacerle campaña luciendo una cachucha con el lema MAGA, acrónimo de Make America Great Again, consigna emblemática de Donald Trump y del movimiento ultraconservador estadounidense.
MAGA no representa un simple eslogan extranjero
Encarna un proyecto político nacionalista, populista, excluyente y profundamente contrario a los valores de justicia social, pluralismo y equidad que durante décadas defendió el liberalismo colombiano.
Pretender conciliar ambas cosas no es pragmatismo político; es una contradicción ideológica insalvable.
El abrelatas de lo que se espera
Ese gesto, sin embargo, es apenas el abrelatas de lo que aspira a representar, dentro del ya anacrónico y desprestigiado Partido Liberal Colombiano, el aspirante Horacio José Serpa.
Un partido que alguna vez fue el estandarte del pueblo, de las luchas sociales y de las reformas progresistas, hoy es utilizado como plataforma por figuras que traicionan abiertamente ese legado, amparándose en apellidos ilustres y en una nostalgia vacía de contenido.
Oposición a las reformas sociales
El joven Serpa —que ya no es tan joven— ha demostrado durante los años del gobierno progresista de Gustavo Petro una oposición sistemática a todas las reformas sociales orientadas a devolver derechos y beneficios a las clases populares.
Salud, pensiones, reforma laboral, salario mínimo, vivienda: en cada uno de estos debates su postura ha estado alineada con la clase política tradicional y, de manera preocupante, con sectores cercanos a la ultraderecha.
Su discurso no es el de un liberal socialdemócrata, sino el de un defensor del statu quo que privilegia los intereses de los poderosos.
Hoy afirma que quiere ser senador porque “le nace la política y el servicio”.
Lo que no explica es a quién le gusta servir. Porque su historial deja claro que su vocación no está con los trabajadores, los campesinos ni los sectores populares, sino con los grandes empresarios y los intereses económicos tradicionales.
A políticos como Horacio José Serpa no les gusta que el dólar baje, que el salario mínimo suba, que disminuya el precio de la gasolina o que se acaben las concesiones privadas en los peajes.
Tampoco les agrada que a los campesinos se les devuelvan tierras despojadas por la mafia, ni mucho menos las reformas pensional y laboral.
Así de grande es el “amor” que dice sentir por la gente y así pretende servirle a sus votantes.
Por eso, amigo lector, este marzo próximo tendremos la oportunidad de frenar estas aspiraciones disfrazadas de liberalismo. Castigar con el voto popular a figuras como Horacio José Serpa es defender la coherencia política y la memoria histórica de un liberalismo que no nació para servir a las élites, sino para dignificar al pueblo.
Ni un voto para quienes traicionan las causas socialdemócratas que dicen heredar.





