
Cada cuatro años, sin falta, el viejo cuentico electoral de siempre comienza a rodar, el mismo libreto gastado que ya no engaña sino a quien quiere dejarse engañar.
Vuelven los discursos prefabricados, las promesas infladas y el eterno llamado a la “unidad” como si fuera una fórmula mágica capaz de borrar décadas de abandono, corrupción y mediocridad política.
Los mismos 100 mil votos de siempre
Hoy, otra vez, nos preguntan con tono lastimero si los cerca de 100.000 votantes de Barrancabermeja no seremos capaces de “sacar al congreso” a los candidatos locales.
Varios barranqueños están en la contienda y, como es tradición, juegan con la ilusión de la gente repitiendo el mantra desgastado de que “la unión hace la fuerza” y rematando con el viejo eslogan de la clase politiquera local: “Barranqueño vota barranqueño”.
Lo que convenientemente callan es que muchos de ellos ya tuvieron el poder en sus manos.
Desde el gobierno local, desde el Ejecutivo, contaron con oportunidades de sobra para demostrar amor real por la ciudad, para ejecutar obras útiles, planificadas y pensadas en el bienestar colectivo.
¿Y qué hicieron?
Llenaron a Barrancabermeja de elefantes blancos, obras inconclusas, proyectos inútiles y costosos que solo sirvieron para derrochar los recursos públicos y enriquecer a unos pocos. La ciudad no necesita más cemento sin sentido ni más inauguraciones fantasma; necesita gestión honesta, visión social y compromiso verdadero.
Ahora pretenden repetir la historia, pero desde el Congreso.
Prometen “gestionar recursos” como si esa frase no fuera ya sinónimo de contratos amañados, sobrecostos y bolsillos ajenos inflados.
El mismo modelo de saqueo, maquillado con discursos regionalistas y fotos sonrientes, vuelve a presentarse como salvación. Esa recua de politiqueros se disfraza de defensora de la ciudad y la región, mientras insiste en que lo importante no es la ideología.
Según ellos, da lo mismo votar a favor o en contra de las reformas sociales que el país reclama con urgencia.
Para estos personajes, da igual negar la reforma a la salud, hundir la reforma pensional y laboral, oponerse a acabar con las intermediaciones financieras en los servicios públicos, o votar contra la devolución de tierras incautadas al narcotráfico para que regresen a manos del pueblo.
Todo eso, dicen, no importa, porque lo único relevante es que “son barranqueños”. Aunque jamás hayan hecho nada por Barrancabermeja.
Ni un voto por los mismos de siempre
Así, nos piden votar por candidatos de Cambio Radical, Partido de la U, Liberal, Conservador, Mira, Nuevo Liberalismo o Centro Democrático: los mismos partidos tradicionales que han saboteado una y otra vez las reformas sociales y han legislado históricamente contra los intereses populares.
No se trata de nombres ni de lugares de nacimiento; se trata de a quién sirven y para qué legislan.
Por eso hay que decirlo sin rodeos: ni un voto para esos partidos tradicionales enemigos del pueblo.
Necesitamos congresistas que defiendan las reformas sociales, que legislen a favor de la gente y no de las élites. Todo lo demás es el mismo cuentico de siempre: puras mentiras y engaños.





