
En un giro que muchos califican como inédito dentro de la política colombiana, la fórmula vicepresidencial encabezada por Juan Daniel Oviedo junto a Paloma Valencia ha generado un intenso debate público.
La contradicción aparente es evidente: un candidato abiertamente homosexual defendiendo un proyecto político liderado por una mujer abiertamente homofóbica. Para algunos, esto representa una muestra de pluralismo; para otros, una estrategia engañosa cuidadosamente diseñada.
Oviedo quiere frenar las reformas, aunque él mismo admite que a la gente le gustan.
Oviedo ha adoptado un discurso que, en apariencia, reconoce el atractivo de las reformas sociales impulsadas por sectores progresistas.
Sin embargo, su postura se transforma rápidamente al plantear la necesidad de frenarlas o revertirlas. Esta dualidad discursiva no es casual; responde a una estrategia política que busca conectar con distintos sectores del electorado, apelando tanto al reconocimiento de demandas sociales como al temor frente a cambios estructurales.
Uribe y el Centro Democrático, ahí
Detrás de esta fórmula se encuentra el respaldo del Centro Democrático, movimiento político asociado al ex presidente Álvaro Uribe. Este sector ha construido su narrativa en torno a la defensa de un modelo neoliberal rentista que ha favorecido históricamente a ciertas élites.
La apuesta actual parece orientada a renovar su imagen sin modificar de fondo sus propuestas.
El mensaje de “unidad en la diferencia” se presenta como eje central de esta campaña.
No obstante, sus detractores argumentan que dicha unidad es más simbólica que real, ya que en la práctica prevalece una defensa de intereses tradicionales.
La discusión de fondo no gira únicamente en torno a identidades o representaciones, sino sobre el rumbo de las reformas sociales que amplios sectores de la población consideran necesarias.
El historial político de Paloma Valencia refuerza esta percepción.
La candidata de la extrema derecha Paloma Valencia hizo campaña por el NO en el plebiscito, se opuso de forma vehemente a los acuerdos de paz, recogió firmas para derogar la JEP y respaldó el gobierno de Iván Duque.
En el Congreso, ha intentado bloquear la reforma laboral, se opuso a la reforma pensional y hasta la demandó ante la Corte Constitucional.
Ese es su historial político.
Su oposición al proceso de paz, su rechazo a las reformas laboral y pensional, así como su respaldo al gobierno de Iván Duque, delinean una trayectoria claramente ubicada en el espectro de la ultra derecha.
Estas posiciones contrastan con la idea de presentarla como una figura de centro.
¿De verdad alguien puede decir que es de centro?
Decir que Paloma Valencia es de centro no es un análisis serio… ¡es un chiste!





