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Acusar a Petro y a Cepeda del asesinato de Miguel Uribe constituye un ejemplo claro de politiquería

En definitiva, la “Paz Total” puede ser imperfecta y cuestionable, pero el verdadero reto está en elevar la calidad del debate político hacia propuestas reales que respondan a las necesidades de la ciudadanía.

El balance sobre la llamada “Paz Total” impulsada por el gobierno del presidente Gustavo Petro sigue siendo profundamente debatible.

Dependiendo del ángulo desde el cual se analice, puede interpretarse como un fracaso total o como un paso inicial hacia una nueva realidad del conflicto armado en Colombia.

Lo cierto es que este proceso hace parte del análisis permanente en el quehacer político del país, donde las expectativas, los resultados y los tiempos de implementación generan tensiones inevitables.

La utilización politiquera de tragedias

Sin embargo, en medio de este debate legítimo, resulta preocupante la utilización de tragedias para obtener réditos políticos.

Acusar al presidente Petro y al candidato Iván Cepeda del asesinato de Miguel Uribe por intentar negociar la paz no solo carece de sustento, sino que constituye un ejemplo claro de politiquería.

Este tipo de afirmaciones buscan engañar al electorado y desviar la atención ante la ausencia de propuestas sólidas, reemplazando el debate de fondo por ataques emocionales y simplistas.

Los procesos de paz en Colombia

Es importante recordar que los procesos de negociación con actores armados no son exclusivos del actual gobierno. Todos los últimos presidentes de Colombia han recurrido, en mayor o menor medida, a diálogos como herramienta para reducir la violencia.

Figuras como Álvaro Uribe Vélez, Juan Manuel Santos y Andrés Pastrana adelantaron negociaciones o acercamientos con grupos guerrilleros o paramilitares durante sus mandatos. Por tanto, señalar selectivamente a un gobierno por seguir esta línea histórica evidencia una doble moral en el discurso político.

Más allá de estas controversias, el país enfrenta un momento decisivo.

El verdadero debate de cara a las próximas elecciones no debería centrarse en desinformación o ataques personales, sino en las propuestas concretas para el futuro de Colombia.

Es urgente exigir a los candidatos posturas claras sobre reformas fundamentales: salud, pensiones, trabajo, sistema político y modelo económico.

En particular, la discusión sobre el modelo económico es crucial.

Colombia debe decidir si continúa con un esquema neoliberal rentista, que ha sido señalado por profundizar la desigualdad, o si apuesta por un enfoque progresista y socialdemócrata que priorice la equidad y el bienestar colectivo.

Este es el tipo de debate que puede transformar el país, no la polarización vacía.

En definitiva, la “Paz Total” puede ser imperfecta y cuestionable, pero el verdadero reto está en elevar la calidad del debate político hacia propuestas reales que respondan a las necesidades de la ciudadanía.


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