
Luego de la entrevista concedida por el candidato Iván Cepeda a Caracol Televisión, la sensación generalizada que quedó entre amplios sectores de la opinión pública fue la de un aspirante sólido, estructurado, serio y, sobre todo, muy bien preparado para gobernar el país.
Más allá de simpatías ideológicas, lo que se evidenció fue dominio temático y una capacidad argumentativa poco común en el actual escenario político.
Así se responde en momentos de alta tensión mediática
Según analistas consultados tras la emisión, así se responde en momentos de alta tensión mediática: con datos, con firmeza y sin tragarse el libreto que algunos medios intentan imponer.
La entrevista estuvo marcada por preguntas que, para muchos observadores, no fueron neutrales sino orientadas. Cuando el periodista sugiere la respuesta en vez de formular una pregunta abierta, deja de informar y empieza a direccionar.
Eso no es prensa crítica; es agenda. Y en ese terreno, el candidato demostró que sabe moverse sin perder el equilibrio.
Un Cepeda sereno y preparado
Mientras arrecian las críticas contra ciertos enfoques periodísticos por su falta de profesionalismo, la actuación de Cepeda contrastó por su serenidad. Ante insinuaciones, respondió con cifras.
Frente a interrupciones, mantuvo el hilo conductor de sus ideas. No cayó en provocaciones ni optó por el espectáculo. Para observadores independientes, la diferencia está en quién sostiene lo que dice con hechos verificables.
Por eso su nombre pesa en el debate público: porque argumenta, no improvisa. Y eso, al final, marca distancia.
Las comparaciones con su contendor más cercano, Abelardo de la Espriella, no se hicieron esperar.
“Bienvenidos a la extrema coherencia”, dice Abelardo de la Espriella. Pues este video son 8 minutos de justamente lo contrario: LA EXTREMA INCOHERENCIA
— Tatiana Trejos (@Ttrejosm) February 21, 2026
Disfrútenlo, serán los mejores 8 minutos mejor invertidos en el día de hoy. pic.twitter.com/nTna4sTG3K
De acuerdo con varios analistas independientes, no es serio confiar en alguien como Abelardo, cuya trayectoria pública está llena de contradicciones.
Sostienen que ha construido más espectáculo que coherencia, más impacto mediático que consistencia programática. La política, insisten, exige rigor, datos verificables y responsabilidad institucional, no giros discursivos según la conveniencia del momento.
El problema de fondo —afirman algunos sectores críticos— es la acumulación de afirmaciones imprecisas y la falta de rigor en el debate.
Colombia necesita liderazgo firme, pero también transparente y sustentado.
No basta con proyectar carácter; se requiere conocimiento profundo del Estado, comprensión de la realidad social y claridad programática.
Incluso voces particularmente severas han utilizado calificativos despectivos para referirse al estilo de Abelardo de la Espriella, reflejando el alto nivel de polarización que vive el país.
Volviendo a la entrevista, el consenso más repetido fue que lo que se vio fue solvencia.
El candidato afrontó preguntas claramente orientadas desde el prejuicio sin perder la compostura ni desviarse del eje central de su mensaje: hechos verificables, coherencia argumentativa y propuestas concretas.
Esa diferencia es clave. Quien domina la información no necesita elevar el tono; quien conoce los datos no requiere acudir a la descalificación.
Si el periodismo pretende incomodar —como debe hacerlo en una democracia sana— debe hacerlo con rigor, no con sesgo.
Incomodar no significa sugerir respuestas ni construir narrativas implícitas, sino exigir precisión y contrastar información.
En ese escenario exigente, quedó la impresión de que quien estaba verdaderamente preparado era Iván Cepeda. Más que una entrevista, fue una prueba de carácter y conocimiento. Y, para muchos, la superó con claridad.





