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El falso centro: la máscara más peligrosa de la derecha neoliberal en Colombia

Esa supuesta tibieza deja de ser una postura ética y se convierte en una herramienta política para impedir que las transformaciones de fondo continúen.

No hay nada más peligroso en Colombia que un político neoliberal de derecha disfrazado electoralmente como “centro político”.

La historia reciente lo ha demostrado una y mil veces en los últimos treinta años: esa supuesta neutralidad no es más que una jugarreta politiquera diseñada para mantener intacto el poder de la derecha neoliberal rentista y frenar cualquier intento serio de transformación social.

El “centro” ha funcionado, una y otra vez, como un dique contra el cambio, como una zona cómoda desde la cual se administra el miedo a las reformas y se protege el statu quo.

Las encuestas confirman algo que el establecimiento se niega a aceptar

Ni la desinformación sistemática, ni las mentiras repetidas hasta el cansancio, ni la manipulación cotidiana de buena parte de la prensa tradicional han logrado quebrar el proyecto político que hoy gobierna.

El progresismo que encarna el presidente Gustavo Petro no solo resiste, sino que se consolida, porque conecta con realidades materiales que la gente vive en su día a día y que no pueden ser borradas por titulares malintencionados ni por columnas de opinión alarmistas.

Las bodegas de Petro

Mientras esos mismos medios caricaturizan y desprecian la organización digital espontánea de miles de ciudadanos que defienden las reformas sociales en redes, reduciéndola al rótulo despectivo de “bodegas de Petro”, esa fuerza colectiva ha sido clave para sostener el programa de gobierno, disputar el sentido común y ampliar el debate público.

No se trata de propaganda vacía, sino de una ciudadanía politizada que entiende que el rumbo del país se juega también en el terreno simbólico y comunicativo.

El pueblo siente los cambios

El incremento del salario mínimo, la reducción del desempleo, el avance en la entrega de tierras al campesinado, el crecimiento del turismo, el impulso a las obras y la reactivación económica no son abstracciones ideológicas: son hechos concretos que impactan la vida de millones.

Se les ha cumplido, y eso explica por qué, pese a la feroz oposición, el respaldo popular se mantiene.

Hay que ser mayoría en el congreso

Los logros del Gobierno y de la bancada del Pacto Histórico demuestran por qué es indispensable ser mayoría en el Congreso.

Solo así puede sostenerse un proyecto político del lado de la gente, de las y los trabajadores, de las mujeres, del campo, de las juventudes y de los animales; un proyecto que pone el cuidado de la vida en el centro y no la rentabilidad de unos pocos.

Hablar de “derrotar a Iván Cepeda en segunda vuelta” resulta revelador.

Es la prueba reina de que el mal llamado centro político, representado por figuras como Claudia López, Sergio Fajardo o la denominada Gran Consulta de la centro derecha, no es una alternativa real, sino una fuerza funcional a la derecha tradicional.

En un país con profundas deudas sociales, plantearse como objetivo frenar a un candidato que encarna la defensa de los Derechos Humanos equivale, en la práctica, a hacerle el trabajo sucio a los mismos de siempre.

El falso centro bloquea las reformas

Esa supuesta tibieza deja de ser una postura ética y se convierte en una herramienta política para impedir que las transformaciones de fondo continúen.

Así ha sido siempre en Colombia: cuando el cambio amenaza privilegios, el falso centro aparece para apagarlo.


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