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Santander: cuando la decadencia liberal se convierte en anacronismo político

Dos candidaturas de corte abiertamente conservador y de ultraderecha ocupan espacios que históricamente correspondían a la socialdemocracia, vaciando de contenido al partido y destruyendo la poca credibilidad que aún conservaba entre sus viejos seguidores.

La decadencia del Partido Liberal en Colombia es un hecho ampliamente reconocido por la opinión pública. Sin embargo, lo que está ocurriendo en el departamento de Santander parece ir más allá de una simple crisis electoral o ideológica: se trata de una profunda deformación de lo que alguna vez representó la colectividad roja como proyecto político socialdemócrata, popular y reformista. 

Hoy, en lugar de banderas históricas, lo que emerge es una amalgama de clientelismo, politiquería y capitales de dudosa procedencia que erosionan aún más la credibilidad del partido.

El caso de Barrancabermeja resulta especialmente ilustrativo. 

Esta ciudad, con una fuerte tradición obrera y liberal, ve hoy cómo el partido que alguna vez canalizó las luchas sociales ha sido copado por prácticas propias de la vieja política. 

La militancia, la formación ideológica y el compromiso con las causas populares han sido desplazados por el poder del dinero y las maquinarias electorales.

Reaparece Richard Aguilar

En este escenario reaparece Richard Aguilar, exgobernador de Santander e hijo de Hugo Aguilar, figura emblemática de la extrema derecha regional y condenado por vínculos con el paramilitarismo. 

Richard, quien logró evadir una condena por corrupción debido a vencimientos de términos, retorna al panorama político departamental ahora cobijado por el Partido Liberal

Su discurso poco o nada tiene que ver con el liberalismo socialdemócrata

No hay propuestas de ampliación de derechos, ni defensa de lo público, ni compromiso con la equidad social. En su lugar, se impone una narrativa vacía, centrada en declaraciones de amor por Santander y en la promesa implícita de recursos para líderes políticos durante la campaña.

Aparece Cristian Argüello

Acompañándolo aparece Cristian Argüello, un joven barranqueño prácticamente desconocido en la vida pública, que de manera súbita aspira a la Cámara de Representantes. 

Sin trayectoria política, sin méritos visibles y sin experiencia legislativa, su principal carta de presentación parece ser su parentesco con un contratista ampliamente cuestionado, conocido como “El Bachiller”. 

Al igual que Aguilar, su discurso se limita a lugares comunes sobre querer al departamento y “atender las necesidades” de los líderes en tiempos electorales, una fórmula clásica del clientelismo.

Para la ciudadanía común, ya de por sí votar por el Partido Liberal se ha convertido en una contradicción. 

El partido que alguna vez fue “el partido del pueblo” hoy aparece alineado con la defensa del statu quo. Durante el actual gobierno, sus bancadas han bloqueado iniciativas sociales de corte progresista que buscaban devolver derechos y beneficios a las mayorías. 

El liberalismo contemporáneo parece más interesado en proteger contratos, privilegios y rentas que en promover reformas sociales.

Lo que sucede en Santander desborda incluso esa decadencia nacional

Dos candidaturas de corte abiertamente conservador y de ultraderecha ocupan espacios que históricamente correspondían a la socialdemocracia, vaciando de contenido al partido y destruyendo la poca credibilidad que aún conservaba entre sus viejos seguidores. 

Ante este panorama, la consigna resulta clara: no legitimar con el voto proyectos que corrompen el electorado, engañan a la ciudadanía y desprestigian tanto la política como el pensamiento liberal socialdemócrata.


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