
El balance posterior a la captura-secuestro de Nicolás Maduro por fuerzas especiales de Estados Unidos deja más sinsabores que certezas.
Más allá de simpatías u odios ideológicos, el ejercicio de evaluar ganadores y perdedores permite asomarse a las consecuencias profundas que esta acción tendrá sobre Venezuela y, sobre todo, sobre América Latina.
Entre los ganadores se ubican las grandes petroleras estadounidenses.
El control del petróleo venezolano —una de las mayores reservas del planeta— pasa a manos de intereses corporativos extranjeros, confirmando una vieja sospecha regional: que la geopolítica energética sigue pesando más que los principios democráticos.
También gana Donald Trump, al menos en el corto plazo, al lograr una victoria rápida y contundente que consolida poder y envía un mensaje de fuerza.
Sin embargo, el triunfo sería agridulce
La operación dejó al descubierto motivaciones poco altruistas, alejándolo de cualquier aspiración de reconocimiento histórico como líder global o de un eventual Premio Nobel de la Paz, y reforzando la imagen de un dirigente que impone su voluntad sobre países en inferioridad bélica.
Gana el Chavismo
Paradójicamente, también resultaría beneficiada la cúpula chavista sin Maduro: figuras como Delcy Rodríguez, Diosdado Cabello, Padrino López.
Sin el liderazgo personalista de Maduro, pero con el control del aparato del Estado, podrían mantenerse en el poder con menor presión internacional y con márgenes de maniobra más amplios, ahora bajo una relación pragmática con Trump.
Del lado de los perdedores, la lista es larga.
Edmundo González y María Corina Machado quedaron marginados – hasta ahora – así como lo planteo Trump, quien no los considerara interlocutores viables para gobernar.
Otros perdedores son el bloque de congresistas republicanos de Florida que construyeron su capital político sobre el discurso de confrontación con el chavismo.
Con Maduro fuera de escena y un chavismo funcional a los intereses de Trump, ese relato se diluye, dejando en evidencia la falta de una agenda legislativa real para sus comunidades.
Pierde la oposición en Colombia
En medio de una contradicción flagrante, proclaman defender el Estado social de derecho y la democracia, pero terminan arrodillados ante el poder imperial que los pisotea.
Y como traidores vulgares a la patria, claman por intervenciones extranjeras contra su propio país, solo para proteger los privilegios que han usufructuado hasta hoy y que temen perder en las urnas.
Pierde Maduro
Pierde, sin duda, Nicolás Maduro, pero también pierde la idea misma de revolución cuando se coloca por encima de la gente y de la ley. Pierden la política, el diálogo y la concertación como herramientas para resolver conflictos.
La reacción del exilio venezolano, como siempre, compleja y contradictoria
Celebrar abusos que se dicen detestar revela una fractura ética difícil de explicar. Pero más allá de esas contradicciones, lo verdaderamente grave es el precedente que se abriría.
Una intervención directa y el secuestro de un jefe de Estado rompe principios básicos del derecho internacional: la autodeterminación de los pueblos, la soberanía y la dignidad regional.
En ese balance, perdió la libertad, la credibilidad de Estados Unidos como promotor de la democracia, perdió la paz. En suma, perdió toda América Latina.





