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Piruetas ‘normales’ que hacen parte de nuestra ‘cultura’ política.

Por: Edgar Daniel Rodao.

 

Yo recuerdo que hace ya más de 30 años, existió un prestigioso penalista santandereano, de nombre José Manuel Arias Carrizosa, quien combinaba su profesión de jurista con la actividad política.

 

El doctor Arias pertenecía al partido Liberal y por aquellos tiempos, (1.978), esa colectividad, (el partido Liberal), tenía que escoger el candidato a la Presidencia de la República para suceder, al también liberal, Alfonso López Michelsen.

 

La disputa para reemplazar a López en la Casa de Nariño era entre 2 pesos pesados del liberalismo de la época, los doctores Carlos Lleras Restrepo y Julio César Turbay Ayala.

 

Dicen que Arias Carrizosa decidió, inicialmente, apoyar al ex presidente Lleras Restrepo y comenzó rápidamente una dura campaña por todo el departamento de Santander.

 

Estando el doctor Arias en una concentración política en Puerto Wilches, emocionado, alzó su mano derecha y en tono fogoso dijo: “pase lo que pase acompañaré al doctor Lleras hasta las últimas consecuencias”  y como para que entre los manifestantes no quedara la menor duda de la seriedad de su apoyo a Lleras, en medio de la enardecida multitud que lo acompañaba, remató con la siguiente frase:  si cambio de opinión ‘me corto la mano derecha’ como prueba de absoluta lealtad a mi palabra de hombre público”.

 

Sin embargo dicen, quienes aún recuerdan la historia, que a las pocas semanas de la insólita promesa, las encuestas, por el contrario, iban dando como ganador de la consulta Liberal a Turbay.

 

Así las cosas, frente a “la nueva realidad política” que se vivía en el país, el doctor Arias, ni corto ni perezoso, decidió formar parte del grupo Turbayista, sin recordar que había prometido “cortarse la mano” si traicionaba la causa del doctor Lleras.

 

A partir de ese momento la gente en Puerto Wilches, con un buen sentido del humor, decidió llamar al prestigioso penalista santandereano como “El Mocho Arias”, quedando bautizado así, con ese remoquete, por el resto de sus días.

 

Como premio a su ‘volteada’, el doctor Julio César Turbay Ayala, una vez posesionado presidente de los colombianos, nombró al doctor Arias Carrizosa como Ministro de Comunicaciones.

 

Precisamente, así ‘mocho’, sin su mano derecha, el doctor Arias firmó numerosos actos administrativos desde su gabinete, entre ellos, nada menos, que el primer decreto que le dio vida jurídica a nuestra querida emisora Yariguies Stereo 102.7 fm estación de radio que, este año 2.014, cumple 29 años de funcionamiento.

 

En Barrancabermeja han sido varios los políticos que a lo largo de su vida pública han dado unos increíbles virajes  semejantes a los de un acróbata de circo, muchos de ellos, incluso, protagonizados por personajes aún vigentes en el trajinar político de nuestra comarca.

 

Sin lugar a dudas, el paladín en esta clase de maromas es el dirigente conservador Gabriel Galvis Molina, quien en reiteradas oportunidades ha demostrado ser todo un maestro en esto de los cambiazos.

 

Sobre el particular el Gordo Galvis, como se le conoce popularmente a este personaje en nuestra ciudad, ha acuñado varias frases que se han hecho famosas entre sus seguidores.

 

Que yo recuerde, una de ellas la pronunció cuando Elkin Bueno ganó por primera vez la alcaldía de Barrancabermeja en 1992, después de haberse ‘quemado’ con Edgar Cote en las elecciones que se llevaron a cabo ese año, justo en el momento en que decidió formar parte del nuevo gobierno,

 

En esa ocasión Galvis Molina, para justificar su incomprendido apoyo al nuevo gobierno, le dijo en tono enérgico a sus seguidores: “uno acompaña a sus seres queridos al cementerio, los llora y les guarda luto, pero jamás se tira con ellos al hueco esperando a que el sepulturero le eche a uno las paladas de tierra encima … ni si quiera con mi madre me tiraría al hueco”, sentenció severamente, en medio de una muchedumbre de militantes que, asombrados, lo acompañaban ese día en su Casa Conservadora del muelle.

 

Muchos años después, degustando un café negro en un establecimiento comercial de Barrancabermeja, Gabriel Galvis me confirmó, con una absoluta frialdad, la que es considerada la frase central de su ideario de hombre público: “El buen político es como la arepa, si no se voltea a tiempo se quema”.

 

En todo caso es bueno advertir que Gabriel Galvis Molina no ha sido el único protagonista de estos ‘cambiazos’ que han causado revuelo en la ciudad.

 

A Jorge Norberto Ferreira Ballesteros, (hoy flamante gerente de la empresa Aguas de Barrancabermeja), todos los recordamos porque en el año 2.000 lanzó su candidatura a la Alcaldía de Barrancabermeja, en contra del médico Pedro Flórez Olivares.

 

El doctor Ferreira, en esa época, tomó en arriendo las instalaciones de la Emisora Barrancabermeja, desde donde inició una  implacable, dura y feroz  “cruzada anti corrupción” porque, según él, la campaña de Pedro Flórez, (que para entonces tenía el respaldo del gobierno de Elkin Bueno), era un foco de perversión, peste y podredumbre que había que “desterrar para siempre” por “el bien de la ciudad”.

 

Precisamente, para esa época, el ingeniero Ferreira tenía como empleado en la recién alquilada emisora al periodista, Alberto Santacruz Centeno, quien, sorpresivamente, fue expulsado de la nómina, sólo por asistir a una rueda de prensa que había convocado el rival aspirante, Pedro Flórez, candidato calificado de “corrupto” por Ferreira, quien insistía, obstinadamente, en ser el adalid de una campaña en contra de los bandidos “que se perpetuarían en el poder con Elkin Bueno a la cabeza”.

 

Pese a que el periodista Santacruz se quedó sin trabajo, a los pocos días Ferreira, inmerso en el desespero por no quedarse por fuera de la mermelada, dio un inesperado giro de 180 grados y sorpresivamente respaldó la candidatura de su competidor.

 

Con los días se vino a saber que mientras Ferreira lograba un importante “acuerdo político” con Flórez, el periodista Santacruz siguió desempleado, por varios meses, sin un peso en sus bolsillos.

 

 

En ropa interior y calladito de madrugada.

 

Al ex concejal Julio Gordillo, en el 2.001, también se le recuerda por una de las más cómicas y escandalosas ‘volteadas’ de los últimos años en la comarca.

 

Gordillo, amigo incondicional de Elkin Bueno, formaba parte del bloque de concejales que pretendía llevar a la Personería Municipal al abogado Alfonso Eljach Manrique quien ‘no contaba con el guiño’ del ya posesionado alcalde, Julio César Ardila Torres.

 

Dicen que Elkin Bueno, siendo ya ex alcalde en el 2.001 (zorro taimado y astuto), sospechando que los políticos acostumbran a dar inexplicables piruetas de última hora, decidió, días antes de la elección, concentrar a sus concejales amigos, en una finca en cercanías del municipio de San Gil (Santander) para de ahí llevarlos cuidadosamente ‘escoltados’ al Concejo de Barrancabermeja para que votaran a favor de Alfonso Eljach.

 

Sin embargo Gordillo, amparado en la oscuridad de la noche, se escapó de la veraniega casa sangileña, dejándose seducir por los concejales de la bancada del entonces alcalde Julio César Ardila, que hasta ese momento no alcanzaban la mayoría.

 

El voto de Gordillo era definitivo y dicen que fue, (vaya sorpresas que da la vida), el doctor René Tordecilla Reina el estratega que finalmente fraguó la inolvidable pirueta.

 

En ropa interior, descalzo y con las chancletas en la mano, en una espectacular persecución cinematográfica, que casi termina en una tragedia automovilística en la zona de Pescadero, Gordillo fue velozmente perseguido por el concejal Hermes Corena que, pese a todo, no logró detenerlo.

 

Julio Gordillo primero arribó  a Bucaramanga, cambió de automóvil, rápidamente transformó su look, se puso una gorra y unas gafas oscuras que dificultaban su identificación y así, camuflado, arribó de incógnito a la sede del Concejo Municipal de Barrancabermeja, llegó a tiempo a la sesión y votó a favor de la bancada que seguía las orientaciones del ex alcalde Julio César Ardila, resultando elegido, en esa oportunidad como Personero Municipal de Barrancabermeja el abogado José Darío Rodríguez Buitrago.

 

Historias como las anteriores hay muchas. Se necesita un voluminoso libro de anécdotas para contarlas en detalle.

 

— ¿Silencio en las redes sociales?

 

— ¿Periodistas muy calladitos?

 

Tranquilos, que no cunda el pánico, son sólo cambiazos, piruetas, movimientos acrobáticos o saltos giratorios “normales” que, al parecer, hacen parte de nuestra “cultura” política.

 

 

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BARRANCABERMEJA VIRTUAL, Colección Barrancabermeja 90 años, Piruetas ‘normales’ que hacen parte de nuestra ‘cultura’ política, trabajo elaborado por el periodista, Edgar Daniel Rodao.  

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