Tristeza y dolor por fallecimiento del sacerdote, Luís Carlos Arbeláez.

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El sacerdote, Luís Carlos Arbeláez, quien se desempeñaba como capellán en la parroquia San Ignacio de Loyola —del barrio El Parnaso—  falleció en la madrugada del pasado lunes 13 de febrero.

 

El octogenario sacerdote todavía ofrecía sus servicios religiosos, aunque ya de una manera más pausada, pues en calidad de capellán sus funciones eran menos que las usuales en un sacerdote activo, porque el obispo de Barrancabermeja —Monseñor Camilo Fernando Castrellón Pizano— le concedió esa voluntad de seguir ejerciendo el sacerdocio.

 

Arbeláez, quien era en Barrancabermeja el único sacerdote autorizado para hacer 'exorcismo' por el Vaticano, "se caracterizó por su espiritualidad y su don de servicio y siempre atento a ofrecerlos cuando era requerido por sus feligreses", reza un boletín de la Diócesis de Barrancabermeja anunciando su muerte.

 

Monseñor Castrellón lo destaca como "un hombre entregado al ministerio, recio en tiempos difíciles, un valiente y un ser humano sensible y de liderazgo comunitario, así como un gran baluarte para la construcción de casas curales e iglesias quien sus últimos años los pasó haciendo el bien, como lo pide el evangelio de Jesús".

 

Un día antes de su deceso fue visitado por el Obispo quien confesó que "lo sintió triste pues sus quebrantos de salud, producto del paso de los años, le impedían caminar". Para el Obispo de Barrancabermeja es claro que Dios tuvo piedad de su alma cuando más lo necesitaba. “Fue un hombre maravilloso, un verdadero santo", dijo el alto jerarca de la iglesia refiriéndose a Arbeláez.

 

El sacerdote será velado en la capilla San Ignacio de Loyola del barrio El Parnaso y la Eucaristía se llevará a cabo en la Iglesia Catedral de La Inmaculada (sector del Parque Infantil).

 

 

PERFIL DEL SACERDOTE LUÍS CARLOS ARBELÁEZ.

(Por: Jaime Barba Rincón, Pbro.)

 

El Padre Luís Carlos Arbeláez, nació en Marinilla (Antioquia), el 11 de septiembre de 1932, hijo de José de Jesús Arbeláez y Fausta Castaño, realizó sus estudios primarios y secundarios en el Colegio San José de esa población y la Filosofía y Teología en el Seminario Conciliar de Medellín, siendo ordenado Presbítero, el 8 de diciembre de 1960, por Monseñor Alberto Uribe Urdaneta en la Catedral de Sonsón

 

A lo largo del ejercicio de su ministerio sacerdotal prestó sus servicios en diferentes parroquias: Vicario Parroquial en el Retiro (Antioquia), en 1964 Vicario de la Catedral la Inmaculada hasta 1968, en que se trasladó al Barrio El Castillo de Barrancabermeja a fundar la Parroquia San José Obrero hasta la mitad del año 1971, en que es nombrado Párroco de Nuestra Señora de los Dolores en Puerto Berrio; en 1979 párroco de San José en Cimitarra, en 1993 párroco en San Luis Beltrán de Puerto Nare, en diciembre de 1999 Vicario Parroquial de San Ignacio de Loyola, posteriormente Vicario Parroquial y Administrador Parroquial de María Auxiliadora en Barrancabermeja, y desde 2010 Vicario Parroquial de San Ignacio de Loyola, hasta la fecha. Igualmente fue Capellán de la Policlínica de Ecopetrol. En las diferentes parroquias donde estuvo se preocupó por el embellecimiento de los templos y casas cúrales.

 

Perteneció al Consejo Presbiteral, al Colegio de Consultores, donde se distinguió por sus atinados aportes para la buena marcha de la administración diocesana, también fue Asesor de la Legión de María y Exorcista de la Diócesis de Barrancabermeja.

 

Quienes lo conocimos siempre sentimos en su presencia una sensación de ternura que irradiaba paz y tranquilidad, con una sonrisa a flor de labios que le valió que se le conociera como la 'Carcajada de Dios'.   Con su lento caminar, y con un rostro blanco y sereno, con su buen trato, era imperturbable su serenidad, pero su mente estaba llena gratas historias en su mayoría, pero también de situaciones dolorosas.

 

Le tocó vivir la fuerte experiencia de la masacre de esa horrorosa noche en que cuatro líderes campesinos de la Asociación de Trabajadores del Carare, entre ellos murió su gran líder, Josué Vargas, quien fuera el fundador de esa organización, una afamada periodista Silvia Duzán, y Miguel Ángel Barajas Collazos, de 55 años de edad, ingeniero asesor de la Asociación y candidato al Concejo Municipal de Cimitarra, quienes cayeron ante el fuego indiscriminado que se desprendió de las balas asesinas, coartando así los anhelos de paz de una población que asumió el silencio como su única garantía de preservación de la vida.

 

Dejó grabado en la memoria los padecimientos al que eran sometidos los campesinos por parte de Organismos de Seguridad del Estado buscando controlar cualquier vestigio de la guerrilla y para mantenerla alejadas del pueblo.   El Ejército se había ingeniado y puso en marcha una ignominiosa figura del "tránsito libre", un pase con el que intentaban controlar la movilización de los campesinos y que tenía vigencia de 30 días, vencido el pase, la población tenía que acudir al Batallón para que se lo refrendaran, ya que desde 1975 los pobladores de la región fueron carnetizados, siendo está una forma de control absoluta de la población, y además les limitaban el acceso de víveres.

 

La solidaridad del Padre Arbeláez con los campesinos de Cimitarra se expresó de diversas maneras, entre ellas solicitándole al Ejército que, "así como a los demás a él también le tenían que expedir el pase", los oficiales se mostraron extrañados, pero ante la actitud insistente del Padre Arbeláez decidieron ceder a su petición y era así como cada 30 días, como el resto de la población campesina, llegaba al Ejército a refrendar su derecho a movilizarse en la región.

 

El 20 de julio, de 1979, para conmemorar el grito de la Independencia de Colombia había sido repetidamente invitado por el Ejército acantonado en Cimitarra para que hiciera parte de la celebración, dirigiendo una homilía en la plaza principal del pueblo, el Padre Arbeláez inició diciendo: “Hoy se conmemora un año más de la libertad en Colombia pero, ¿Somos libres en Cimitarra? — y a la vez él respondió NO— porque por culpa de mucha gente envidiosa, el Ejército comete muchos atropellos en este pueblo. Y esto lo digo para no ser un perro mudo de los que habla la Sagrada Escritura”, dijo en esa oportunidad.

 

Su reacción fue la de soltar una estruendosa carcajada, pero se daría cuenta después que esa valerosa intervención lo pondría en dificultades con el Ejército y recordaba que un Coronel del Batallón asentado en Puerto Berrio se le acercó después de la Eucaristía acompañado de unos soldados diciéndole que necesitaba que hablaran, a lo cual asintió inmediatamente.

 

Recordaba que el oficial, ansiosamente lo esperaba en un gran salón, ubicado en el segundo piso del Batallón de Puerto Berrio, donde había varias personas, a quienes les exigió que desocuparan las oficinas y a él lo invitó a que se sentara en una pequeña silla para después hacerle el reclamo.: “Padre, me están informando de un pronunciamiento suyo en la plaza pública de Cimitarra en donde se le requirió para un servicio religioso, ha de saber que cualquier pronunciamiento de autoridad civil y religiosa tiene consecuencias imprevisibles así que lo responsabilizo padre, por las consecuencias que se derivan de lo que dijo”, el sacerdote vio una mirada desafiante, pero no se dejó amilanar. Y le respondió: “Coronel, pero es la verdad”.

 

El padre Arbeláez llegó a ser respetado por la fuerza pública, porque que era la única voz autorizada en el pueblo, capaz de abogar por campesinos que eran retenidos, injustificadamente, bajo sospecha por la fuerza pública.

 

Sus posiciones exigiendo mayor respeto para la población le merecieron amenazas y algunos llegaron a decirle que él iba a ser el próximo muerto de la lista, una vez se lo dijeron en la calle y su respuesta fue contundente, y, sin pensarlo dos veces manifestó: "Díganle a esos señores que el deseo de encontrarme con Jesucristo es muy grande y si me quitan la vida me anticipan el gusto".

 

Cuando fue creada la Brigada 14 y asumió como comandante el general García Echeverry, éste llegó a Cimitarra con dos misiones, saludar primero al padre Arbeláez antes que al Alcalde y en segundo para anunciar la eliminación del tránsito controlado que, eufemísticamente, habían denominado “tránsito libre”.

 

Meses después el padre Arbeláez fue convocado por la Diócesis de Barrancabermeja para asistir en un curso en Roma, pero a su vez el Ejército lo proponía como capellán del Batallón Colombia en el Sinaí, acudió al consejo de su madre a quien le pareció lo más sensato la posibilidad de ir a Roma. Y algún dijo “no sé si lo del Sinaí era para deshacerme de mí”.

 

Fueron 10 años en Cimitarra, evangelizando y sentando posiciones en favor del pueblo contra cualquier forma de discriminación, en las que resultaba incómodo para los actores en conflicto, por eso el pueblo oraba por él para que no le hicieran daño.

 

Durante su estadía en Barrancabermeja llegó a ganarse el cariño de la gente que lo querían y lo apreciaban profundamente y era visitado con frecuencia en la Parroquia de San Ignacio de Loyola, para recibir confesiones y brindar consejos a muchísimas personas que lo visitaban, para él era una labor un poco más relajada pero muy gratificante.

 

Sin duda hay gran alegría en el cielo por la llegada al reino de Dios de este Santo Varón que falleció el 13 de febrero de 2017.

 

Clinica San Jose
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