Historia de Barrancabermeja

Las aventuras de Gustavo Arciniegas en su 'radio móvil'.

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(Historias y anécdotas de la Colección Barrancabermeja 94 años).

 

Gustavo Arciniegas es un veterano locutor y periodista barranqueño que a lo largo de los últimos 40 años se ha constituido en un símbolo emblemático del micrófono en nuestra ciudad.  Aunque hoy ya está retirado y vive del beneficio de la pensión de jubilación que le ofrece el Seguro Social, su voz, su estilo y su manera muy particular de narrar las noticias lo convirtieron en toda una leyenda de la radio en Barrancabermeja.

 

 

A mediados de los años 80 alcanzó buenos niveles de sintonía, pues tuvo la genial idea de comprarse un confortable automóvil americano marca Dodge Dart, le pintó el logotipo de TODELAR (una cadena radial colombiana muy famosa por esos tiempos) y le instaló una antena transmisora que le permitía al vehículo ser una auténtica emisora ambulante. 

 

Por esa época, no hubo acontecimiento político, social, deportivo y de orden público que no cubriera desde su 'transmóvil'

 

Sin embargo, alguna vez, en medio de su agitado afán por ser el primero en 'dar la chiva' tuvo problemas, nada menos que, con la gerencia de ECOPETROL porque no quiso revelar el nombre de una 'fuente'.  Al final Gustavo ganó y nunca pudieron obligarlo a revelar nada. 

 

 

Aquí está la historia.

 

A comienzos de los años 80  —cuando aún no existían los canales locales de televisión y no contábamos con ese ejército de camarógrafos y reporteros que hoy registran el acontecer diario de lo que sucede en Barrancabermeja—  deambulaba por las calles de nuestra ciudad un experimentado hombre de radio, a bordo de un automóvil Dodge Dart modelo 77, color rojo, con varios logotipos del Circuito TODELAR pintados por todos los costados del vehículo.

 

Era Gustavo Arciniegas Ocampo, un veterano, locutor, reportero y periodista local que había logrado lo más altos niveles de sintonía en la emisora La Voz del Petróleo, por cuenta de estar recorriendo las calles de la ciudad, de día y de noche, en busca de la noticia.

 

La estrategia —así como sencilla era impactante— Gustavo estaba atento de los eventuales acontecimientos trágicos que ocurrían en la ciudad. Además, contaba con muchos amigos que lo llamaban y le informaban de lo que estaba ocurriendo.

 

Una vez enterado, encendía su automóvil y rápidamente llegaba al sito de los acontecimientos y desde allí le ordenaba al operador de la emisora que lo conectara directamente al 'aire' para comenzar a transmitir el hecho noticioso; entonces el operador —desde el 'máster central'— dejaba sonar una pieza musical corta de gran fuerza y brillantez, interpretada por varias trompetas a manera de fanfarria, que los oyentes ya identificaban y que causaban un profundo pánico en la ciudadanía (que de antemano sabía no sonaban para nada bueno).

 

De esa manera Gustavo entraba en acción y los oyentes tenían la oportunidad de conocer, al instante, las noticias del momento, todo porque nuestro protagonista las narraba en vivo, situación que generaba entre la población barranqueña de la época un efecto mediático que lo convertía en todo 'un personaje'.

 

El 'Radio Guía 28', (como fue bautizado el carro por su propio dueño), llegó a tener tanta fama en Barrancabermeja que cuando se presentaba una tragedia, ya era normal que la gente observara a toda velocidad, en primer lugar a la ambulancia, luego a la radio patrulla de la policía, posteriormente el carro de la funeraria (pues casi siempre eran tragedias que enlutaban a la población) y por último  —siguiendo la caravana de los tres vehículos— el Dodge Dart rojo de TODELAR, desde donde Gustavo,a toda velocidad, iba transmitiendo en vivo lo que estaba sucediendo.

 

Hay que reconocer que Gustavo con su estrategia mediática, mantuvo en esos tiempos una sintonía que nadie pudo superar.

 

En medio de esa extraordinaria popularidad de la que gozaba, una vez, aproximadamente hacia las 7:00 pm, se escuchó por toda Barrancabermeja una fuerte explosión que estremeció a la ciudad.

 

El ruido, sin duda, provenía de la refinería y todo hacía presagiar que algo grave había sucedido al interior del Complejo Industrial.

 

Gustavo a esa hora —por pura casualidad— se encontraba con su 'Radio Guía 28' por los alrededores de la Alcaldía Municipal y al escuchar el estruendoso ruido, no dudo en acercarse a la puerta principal de la refinería, ubicada muy cerca, para constatar lo sucedido.

 

Cuando arribó a la puerta de ECOPETROL, la respuesta no fue otra que la de muchos miembros de la Policía Nacional apostados en el lugar que lo obligaron a retroceder, frustrando así cualquier posibilidad de ejercer en ese lugar su labor periodística.

 

Sin embargo Gustavo, perseverante no se dio por vencido y dando marcha atrás a su vehículo se dirigió, con sigilo, hacia el sector del muelle, por el edificio de la Policía Nacional, de allí pasó a la llamada 'antigua botica' y en el fondo, en ese mismo sitio, se encontró con una puerta alterna de ECOPETROL, que es una entrada solitaria y discreta que muy pocos conocen, pero que da directamente al río Magdalena y de ahí al interior de la refinería, exactamente por donde hoy está ubicado el terminal de pasajeros fluviales construido muchos años después por Cormagdalena.

 

La sorpresa de Gustavo fue grande porque pudo comprobar que el encargado de la seguridad resultó ser, no solo un viejo amigo, sino un fiel oyente que se emocionaba con las noticias que a diario —desde su 'Radio Guía 28'— transmitía a toda su audiencia.

 

Pero más grande aún fue la sorpresa cuando en un acto de campante irresponsabilidad, el vigilante de ECOPETROL le abrió las puertas —de par en par— y con una insólita tranquilidad le dijo: — 'Gustavito usted puede seguir y cubrir para la radio todo lo que está sucediendo pero con una sola condición: jamás vaya a decir que yo fui el que le abrió la puerta, porque si se llega a saber, a mí me echan de la empresa'

 

ECOPETROL, empresa muy organizada y responsable, siempre ha sido cuidadosa a la hora que se presentan estas tragedias, por lo que no permite, al momento de una conflagración, bajo ninguna circunstancia, la presencia, al interior de la refinería, de personas extrañas, especialmente por la peligrosa y altísima volatilidad de los combustibles que pueden, sin duda, generar una tragedia de incalculables consecuencias.  Eso lo sabe todo el mundo al interior de la compañía.

 

Gustavo, al comprobar que no existían cámaras de seguridad que registraran su entrada, le dijo al amigo: — 'trato hecho'—.

 

Inmediatamente el celador, desbordado en una frenética locura le dijo: — 'fresco marica, siga derecho que yo aquí me quedo en la puerta escuchándolo por la radio' —  y de inmediato, orgulloso, le exhibió en su mano un pequeño radio de esos que funcionan con baterías.

 

Luego, cerrando el compromiso con 'broche de oro', el vigilante le dio a Gustavo una orden severa: — 'eso si marica, póngale verraquera a la vaina' —.

 

A los cinco minutos, de manera increíble, Gustavo Arciniegas Ocampo estaba solo, absolutamente solo, al interior de la refinería, a menos de 100 metros de la planta desde donde se originaba la tragedia, protagonizando lo que nadie en toda la historia del Complejo Industrial había logrado en los 70 años de la industria petrolera en Colombia: transmitir en vivo y en directo, para toda la comarca, los detalles de una conflagración.

 

Rápidamente ubicó el carro en un sitio desde donde podía observar el peligroso desarrollo del incendio, de inmediato, con una apresurada velocidad conectó el micrófono, hizo sonar la fanfarria musical, (la misma que sugería a los oyentes que 'algo malo' estaba sucediendo) y en cuestión de segundos la gente —que acaba de oír el potente ruido de la explosión—  escuchó las alarmantes advertencias de Gustavo que estremecieron brutalmente a la ciudad: — "urgente ... urgente ... urgente ... se quema totalmente la refinería de Barrancabermeja ... en cualquier momento puede registrarse una tragedia que convertirá a la ciudad en un mar de cenizas" — , y como si nada estuviera pasando, con una mano puesta sobre su oído derecho remataba emocionado diciendo: —"Dios mío, Dios mío... líbranos Dios mío de algo terrible"—.

 

Pero lo peor estaba ocurriendo afuera de la refinería: mujeres nerviosas, niños que lloraban, abuelas con camándula en mano rezando y numerosos oyentes alarmados por la trágica noticia.

 

Mientras tanto algunos trabajadores, que a esa hora descansaban, empezaron a sospechar que la empresa los iba a llamar para reforzar los equipos de emergencia. Otros, los más histéricos, insistían con la idea de salir velozmente de la ciudad y dejar abandonadas todas sus pertenencias frente al apocalíptico paisaje que se dibujaba desde la transmisión radial.

 

No faltaron los desesperados que alcanzaron a encender sus vehículos y llegaron hasta el retén de la vía a Bucaramanga pretendiendo huir de la ciudad.

 

Cuando los funcionarios de ECOPETROL, estupefactos vieron semejante espectáculo y antes de comprobar que no se trataba de un sueño sino de una muestra típica de nuestro 'realismo mágico', el propio gerente de la refinería, haciendo gala de una muy buena educación, se le acercó a Gustavo y sutilmente le dijo que abandonara el sitio.

 

Gustavo, fascinado por el éxtasis de lo que los periodistas llaman 'la chiva', no quería suspender la transmisión porque sabía que afuera, en la ciudad, la sintonía era enorme y totalmente suya.  Sin embargo, ante la insistencia del gerente, tuvo que apagar el equipo.

 

Esa noche Gustavo, luego de abandonar las instalaciones de la refinería, fue recibido en la ciudad como un héroe y rodeado de muchas personas que deseaban saber lo sucedido.

 

Los problemas para Gustavo vinieron días después, porque debió soportar la presión de varios directivos de la empresa que le exigían, perentoriamente, revelar el nombre de la persona que le permitió el acceso al complejo industrial. 

 

Como la refinería tiene varias entradas por diferentes sectores de la ciudad, se dificultaba la investigación interna para establecer las responsabilidades disciplinarias del caso.

 

Algunos funcionarios de ECOPETROL  —alarmados por el hecho y tratando de persuadir a Gustavo—  se averiguaron sus debilidades gastronómicas y varias veces lo invitaron a degustar 'suculentas cazuelas de bagre' para que en medio de la exquisitez de la cena y al calor de un par de cervezas, revelara el nombre del celador.

 

Gustavo, respetando el trato con la fuente, jamás aceptó revelar su nombre.  De haberlo hecho, quizás, el celador hubiera perdido su trabajo.

 

Finalmente para ECOPETROL quedó claro que ese día el periodista solo se limitó a transmitir, desde la refinería, lo que estaba sucediendo y como tal no estaba obligado a revelar el nombre del funcionario que le permitió cumplir con su trabajo.

 

Hoy en día el celador goza de su pensión de jubilación y ríe a carcajadas cuando le recuerdan los hechos.

 

Todos los directivos de ECOPETROL de esa época también están pensionados. 

 

Gustavo Arciniegas jamás ha dicho quién fue el funcionario que en esa oportunidad le abrió la Puerta de la refinería y permitió que se escribiera un capítulo de las muchas anécdotas de la radio barranqueña llenas de nostalgia.

 

 

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LAS TRAVESURAS DE GUSTAVO ARCINIEGAS EN SU 'RADIO MOVIL', crónica de Edgar Daniel Rodao, para BARRANCABERMEJA VIRTUAL de la Colección Historias y Anécdotas de Barrancabermeja 94 años.   Abril 2.016.

Clinica San Jose
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